En línea con el discurso de nuestra Secretaria de Asuntos Exteriores, Liz Truss, en Mansion House el pasado 27 de abril, los últimos meses han sido muy difíciles para el mundo libre. La inaceptable invasión de Vladimir Putin contra Ucrania continúa, dando lugar a incontables injusticias y actos de agresión indiscriminados en contra de la libertad democrática, integridad, vida y espíritu del pueblo ucraniano. Sin embargo, esta violación inaudita ha dado pie a un frente unido como ningún otro.
La respuesta de la comunidad internacional en contra de la maquinaria de guerra de Putin ha sido contundente, y el Reino Unido, junto a nuestros aliados del G7, la OTAN y Naciones Unidas, hemos trabajado fuertemente para extinguir la chispa de este ataque sin sentido, a través de un paquete de sanciones sin precedentes en contra de Rusia; apoyo militar y humanitario a Ucrania y; el aislamiento a Rusia del resto de la comunidad internacional, respaldado por más de 140 países en la Asamblea General de la ONU.
Pero queda mucho por hacer y, sobre todo, aprender. Las lecciones de Ucrania son un trago amargo para todos, porque hemos visto que las estructuras económicas y de seguridad establecidas tras la Segunda Guerra Mundial no son suficientes para enfrentar los desafíos que hoy afronta el pueblo ucraniano. En ese sentido, y con el destino de esta nación en la línea, no podemos ser complacientes y debemos asegurarnos que puedan seguir adelante, tanto sus ciudadanos como su economía.
Para lograrlo es muy importante seguir la unidad internacional y desarrollar una nueva manera de disuadir agresores, basado en tres importantes pilares: fortaleza militar, seguridad económica y alianzas globales más significativas.
En el tema de defensa, este conflicto nos refuerza una vez más que no hay substituto para una fuerte milicia, respaldada por inteligencia y diplomacia. Las amenazas de esta era son cada vez más complejas, por lo que debemos invertir en sistemas de defensa tradicionales y modernos, para estar protegidos de ataques físicos a nuestros territorios, así como en el espacio y el ciberespacio. La OTAN también debe ser más flexible que nunca y, como naciones, debemos cambiar la mentalidad de no invertir lo suficiente en poder militar.
Debemos reconocer la importancia de la economía en la seguridad del mundo y ser cuidadosos de no depender de naciones autoritarias, y apoyar aquellos países cuyas economías son el blanco de estás agresivas potencias. También debemos crear lazos de inversión con las naciones que siguen las reglas, y fortalecer las relaciones existentes. Por último, debemos estar más unidos que nunca, y apoyar a aquellos países que se ven mayormente afectados por los incrementos de precios a causa de este conflicto. Bajo esta línea, junto a nuestros aliados hemos logrado asegurar $170 mil millones de dólares del Banco Mundial para apoyar los países más vulnerables, siendo este el compromiso financiero más grande de esta institución para estas naciones de pocos recursos.
Quiero cerrar esta pieza hablando sobre el último pilar: alianzas globales más significativas. Debemos estar dispuestos a trabajar todos juntos para asegurar la soberanía y libertad de nuestros aliados, y aquellos países que merecen protección de aquellas naciones que buscan aprovecharse de su vulnerabilidad. En el Reino Unido estamos comprometidos a invertir en nuestras alianzas existentes, con grupos como el G7 y la OTAN; el ‘Commonwealth’; y con países como Japón, Indonesia e India. Igualmente iremos más allá, trabajando de la mano con alianzas a las que no pertenecemos, como la Unión Europea y la Unión Africana.
El destino de Ucrania sigue en juego, y si la invasión de Putin triunfa, habrá terribles consecuencias a nivel global e incalculable miseria en Europa. Debemos ser fuertes, y para lograrlo, debemos seguir trabajando unidos.
El autor es embajador del Reino Unido en Panamá
