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Sábado picante

Sábado picante
Educadores, padres de familia y trabajadores participaron de una protesta, este viernes 8 de julio, en los predios de la plaza 5 de Mayo. Pastor Morales

Es reconfortante descubrir que el pueblo panameño no estaba muerto ni que todos se habían convertido en zombis. Aunque no creo que este resurgimiento por causa de las protestas callejeras sea por las razones más correctas, al menos prueba que aún respiramos y que aún sentimos, pues llegué a pensar que estábamos bajo tres metros de apatía, insensibilidad e indolencia.

Sobre la superficie –y en el fondo– las protestas pretenden aliviar la precaria situación económica que viven miles de panameños sumidos en la informalidad laboral o que han perdido sus trabajos o su poder adquisitivo. Pero, ya que estamos en modo protesta, sería pertinente reflexionar hacia dónde queremos que el país marche.

Nosotros somos los que tenemos el poder. Ni Pineda ni Gaby ni Benicio ni Crispiano ni Bolota ni Nito lo tienen. Con solo tomar conciencia de que ellos son los grandes responsables de lo que pasa en el país –por acción u omisión– y de que hay alternativas para acabar con esta cleptocracia, estaremos en el camino correcto para el 2024. Y si lo logramos, quizá podamos celebrar con cerveza –pues no habrá para el Macallan 18 años– pero sí que bailaremos sobre sus tumbas políticas.

Algunos descarados, como Ricardo Martinelli, han pretendido sacar provecho del descontento general prometiendo “chen chen” y trabajo. Me alegro de que ya pocos coman del cuento del mesías, del santo patrono y de san Inocencio. Su gobierno entero, sus hijos y él, en particular, están bajo la lupa de la justicia por todo lo que hicieron. Fueron señalados por el índice de los coimedadores como receptores de millones de dólares que luego intentaron lavar, planchar y acomodar en la banca, proyectándose como respetables señorones, cuando las ratas se avergüenzan de que las comparen con esos “humanos”.

Y ahora quieren señalar, ellos, los señalados de coimeros. No tienen moral para hacerlo, pues son los gemelos de este gobierno, solo que quieren el poder para librarse de subir y bajar escaleras o de que lo robado les sea arrebatado por otras ratas igual de depreciables, porque para ganar los pleitos judiciales no ha bastado con el costoso dream team de abogados que tienen.

Ojalá estas protestas también se hagan porque la corrupción va a destruir generaciones enteras de panameños –como ya los venimos viendo–; porque la educación que se imparte a nuestra juventud es de cuarta categoría; porque ya no aguantamos seguir con jueces y magistrados ciegos, sordos y mudos, pero con un gran olfato para oler el dinero de soborno; porque tenemos a los peores funcionarios del mundo; porque ya no queremos ni pavos ni jamón ni zinc ni bloques ni un billete de $20 a cambio de nuestros votos.

Felicito a los que han resucitado y ven con claridad que, si quieren que el país progrese, no podemos seguir cargando con este pesado lastre que son estos inútiles que llevan años de brazos cruzados, mientras –muy sonrientes– sus cuentas bancarias se llenan de ceros a la derecha del punto.


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