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Sábado picante

Sábado picante
Rafael Sabonge, ministro del MOP. Archivo

Soy de los miles de usuarios de la carretera Interamericana, en especial, del tramo que más utilizo, el que conecta Coclé con Panamá, y donde están las mayores comunidades playeras y turísticas del país. Este trayecto es una pesadilla: está en tan mal estado que es un vergüenza que un país que presume de sus rascacielos tenga carreteras y calles que son caminos no aptos ni para caballos.

Tras esquivar huecos, dañar los carros –porque, al evitar un hoyo, se cae en otro, o porque no hay forma de rodearlos, salvo que le salgan alas al carro– se llega a uno de los accesos de la ciudad: la vía Ricardo J. Alfaro, que es, a la vez, canal de aguas pluviales en invierno, camino rural, trampa de muerte y monumental homenaje a la desidia. Ni hablemos de las calles barriales.

Me pregunto qué es lo que hace el ministro de Obras Públicas, Rafael Sabonge, además de crear y darnos todas las excusas por su falta de competencia. Su gestión se reduce a la nada. Por ejemplo: no hay corredor de playas, porque esa obra la paró él mientras sus cimientos llevan tres años pudriéndose y obstaculizando el tránsito en la entrada/salida de la autopista Panamá-Chorrera. Es decir, ni hace ni deja hacer.

Otra de sus obras inconcretas es el nuevo puente sobre el Canal. Si ese proyecto se construyera con cuentos de camino, Sabonge se estaría jactando de su primera súper obra. Toda su gestión se reduce a una miserable pérdida de tiempo, dinero y oportunidad. ¿Cómo es posible que en enero pasado nos haya dicho que “el trabajo mata lengua… nuestra misión es sacar adelante el programa del presidente Laurentino Cortizo” y menos de seis meses después –con la mayor candidez que el cinismo concede– nos sale con que $350 millones no le alcanzan para tapar los huecos, que necesita $1,000 millones. ¡Ah!, y que el culpable es el ministro de Economía y Finanzas.

No soy quién para decirle al presidente con quién debe trabajar, pero como uno de los congos que paga impuestos, me siento en libertad de decirle que el mayor inútil de su gobierno es Sabonge. No sirve como funcionario ni como político, incluso, ni como empresario, pues ha dejado huellas de lo que es en un proyecto de residencias playeras, cuyos clientes se quejaban de que les vendieron bonitas y costosas residencias en Las Lajas –cerca de Coronado–, pero que no se materializaban. Años en eso, porque es que no sabe más que dar excusas.

Si ni en su empresa dio bolas –y cuyo socio, por cierto, es el “ministro consejero” Alejandro Rojas Pardini, otro tan “útil” como Sabonge–, ¿a quién se le ocurrió que este señor, cuyo mayor mérito es cuentear, y que ni siquiera se tomó el trabajo de revalidar su título de ingeniero, podía ser ministro? Señor Sabonge, renuncie, ¡pero ya! Pare de ridiculizar al presidente y culpar a otros de su ineptitud. Su trayectoria como funcionario y empresario es la viva expresión de la mediocridad.


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