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Sábado picante

Si alguien se diera a la tarea de entender la lógica de las cosas en Panamá, la conclusión es que este es el reino de lo absurdo. Bajo otro prisma –el de un delincuente– quizá se pueda entender mejor. Por ejemplo, las tierras baldías de la nación. Muchos políticos –o sus amigos empresarios– tienen el privilegio de obtener tierras por obra y gracia de sus sonrisas y de su codicia desmedida.

¿Quién no ha oído hablar de tierras del Estado que se obtienen por $6 la hectárea? Tan ridículo es el precio que pagan, que por el precio de una lata de cerveza se pueden comprar mil metros cuadrados. ¿Quiénes pagaron esa “fortuna” al Estado por sus fincas? Veamos, por ejemplo, los exministros Franklin Vergara (200 hectáreas en Chepo) y Alma Cortés (88 hectáreas en Las Margaritas de Chepo). La lista es más larga y abarca casi todos los gobiernos.

El “baratillo” también lo han aprovechado diputados, incluso de esta administración, o empresarios, como un holandés que ha metido kilómetros de costa en fundaciones, o colegas suyos que dicen haber pagado “precios justos” por fincas con costas de arenas blancas a $0.25 el metro cuadrado, que luego quieren vender a $100 o más el metro cuadrado. Ni hablar de Juan Hombrón: 7 kilómetros de playas por centavos.

El otro lado de la moneda es el Canal de Panamá, que necesita comprar 2 mil 361 hectáreas –en medio de la nada– para proteger fuentes de agua y conservar el ambiente en zonas adyacentes. Mientras los políticos compran a $6 la hectárea, el Canal tendrá que pagar $222 mil, o sea, $22.2 el metro cuadrado. Eso es el equivalente a 37 mil veces más que lo que paga un diputado por tierras para su provecho personal.

En suma, el Canal tendrá que pagar al Estado unos $525 millones por tierras que nuestros políticos podrían conseguir pagando únicamente $14 mil. Como dije, este es el reino del disparate, porque lo más probable es que el Canal tenga que sacar de sus reservas para pagar este robo a mano armada. Me pregunto por qué no intervienen el MEF y la Contraloría, para ponerle precio a la tierra que nos roban los políticos de turno.

La plata que tendrá que pagar el Canal por la tierra posiblemente termine en manos de bellacos y sabemos para qué. O para aumentarle $4 millones más el presupuesto a la Unachi, como lo aprobó la Asamblea esta semana. Supongo que la señora Etelvina, la rectora de esa casa de estudios, debe estar desarrollando un potenciador químico de la corrupción para que lo tomen sus amiguitos en la Asamblea.

Somos el país de lo absurdo, en el que hay que ser mediocre y corrupto para triunfar y convertirse en respetable millonario. Nuestros altos funcionarios están más preocupados por su estética –uñas, cirugías plásticas y gástricas, viajes, ropa, maquillaje, peinados, relojes, carros, casas– que en atender los problemas del país. Tal como lo veo, los del gobierno solo son otra pandilla que, en vez de bancos y joyerías, asaltan nuestro patrimonio. Y encima, los aplaudimos. ¡Absurdo!


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