Semanas de protestas, estrés social y pérdidas millonarias. De todo eso nacieron los acuerdos de la mesa única del diálogo que dirigió –en la práctica– el dirigente obrero Saúl Méndez. El detonante de las protestas callejeras fue una botella de whisky Macallan 18 años, que se convirtió en el símbolo del hartazgo de miles de personas en todo el país. El presidente de la Asamblea Nacional, Crispiano Adames, se reeligió y horas después celebró con sus colegas. Seguramente no fue la primera vez que los diputados, para celebrar, abrían una botella de costoso licor, pero bajo las precarias circunstancias de la población, la botella desató el infierno como nunca lo habíamos visto en las últimas décadas.
Vino entonces el diálogo en Penonomé. Lo que empezó en protestas por el alto costo del combustible, la comida y las medicinas terminó abarcando casi todo el abanico de los problemas graves del país. El resultado inmediato fueron acuerdos que parecían logros, pero, a pesar de los aplausos y el autobombo de las partes, todo fue un teatro en el que no se logró nada de nada, aunque hay algunos que lo celebran.
Lo más duradero, pero que pagan con sus impuestos hasta los que no tienen carro, es el subsidio al combustible. Fue un acuerdo con fecha de cumpleaños a los tres meses, y en eso estuvieron de acuerdo todos. Pero el Gobierno, unilateralmente, dejó vigente por tres meses más el subsidio. Por lo tanto, esta iniciativa dejó de ser parte de los acuerdos. Ahora es del Gobierno. Y todos sabemos por qué.
En cuanto al resto de los acuerdos, veamos el del alto costo de los alimentos. Fueron congelados 72 productos de la canasta básica. En muchos lugares, tal control no ha existido plenamente, pues no hay capacidad de control ni vigilancia. Tampoco es una medida sostenible. Con el paso de los meses, veremos qué otros productos irán subiendo de precio. Eso ya lo vimos en el gobierno de Varela. Al final, poco o nada frenó el control de precios cuando se sumaba toda la compra.
La derogatoria de las leyes de incentivos fiscales para el turismo no caminó. Ahora hay otra ley con los mismos privilegios. Tumbarle el presupuesto de la Unachi resultó en un aumento de sus millones para 2023; la rebaja del precio de las medicinas ha generado escasez de ciertos medicamentos y muy probablemente subieron otros. El abordaje de los problemas de la Caja de Seguro Social ha resultado en lo contrario: el total abandono y la tripulación se lanza al mar para no estar a bordo cuando el barco se hunda completamente.
Decenas de millones de dólares que deberían ser para el presupuesto de la educación, la Asamblea los desvió a la descentralización y al Programa de Ayuda Nacional (ahora se llama de otra forma, pero sigue siendo lo mismo): plata para la reelección y el clientelismo político… ¡Ah!, y para el Ifarhu, no olvidemos los “auxilios económicos” y las becas por votos. ¿Y la seguridad? Los robos a bancos, joyerías y al Estado lo dice todo. Si alguien ha notado un cambio en el país, por favor, que me lo explique.
