¿Qué tan fuerte es un grupo? Lo es como el más débil de sus miembros. Entre los procuradores Eduardo Ulloa y Javier Caraballo, la estrategia de “Richeliu” y sus compinches ha tenido éxito. La Fiscalía Especial Anticorrupción ha sido desguazada y sus fiscales enviados a los cuatro vientos en Tombuctú. Ulloa, en el ejercicio de su cargo, demostró ser un debilucho que jamás, jamás debió haber llegado a ese cargo, pero completó la fase uno, y Caraballo, la dos del desmantelamiento.
Los fiscales especiales anticorrupción han sido trasladados, enviados a vacacionar o ambas cosas. Caraballo acaba de mandar a la fiscal Tania Sterling a Colón, donde él mismo sufrió un exilio del Ministerio Público. El traslado es la forma amable de darle un puntapié a la fiscal que armó gran parte del caso de Odebrecht, como se hizo con los otros.
Y es mejor explicárselo, señor Caraballo, porque es posible que no alcance a entender que, además de la patada a su colega, la ha humillado, como lo ha sido cada uno de los miembros del equipo original de esta fiscalía que no ha hecho otra cosa que cumplir su deber. El equipo ha sido debilitado –con su entusiasta anuencia–, a tal punto de que ahora es un castillo de naipes que se tambalea cuando el rey del bullying resopla en redes sociales.
¡Qué diferencia con los fiscales de Estados Unidos! Allá buscan al pez gordo; acá le tienen miedo o son parte de su planilla. Allá presionan para que salga a flote la verdad; acá le ponen lastre para que se hunda. Allá instalan a los Muhammad Alí para hacer el trabajo; acá buscan a los Peter Buckle para asegurarse de que no habrá trabajo.
Y cuando uno lee las conclusiones de Anilú Batista –nombrada por Ulloa como fiscal especial anticorrupción– en el caso del hospital modular, uno se pregunta si este es el eslabón más fuerte del grupo. Y cito a Batista: “Todos los elementos de convicción reunidos y analizados en su conjunto descartan por completo la tesis de la existencia del hecho punible de fraude en las contrataciones públicas, ya que no existe indicio de opacidad en la incorporación de las propuestas hechas por los competidores al Ministerio de Obras Públicas…”
Menos mal que la vista fiscal de Odebrecht la elaboró Sterling, porque, de lo contrario, estaríamos leyendo ese mismo párrafo al final de la vista fiscal, con una solicitud para archivar el proceso. Me pregunto qué acciones tomará el Gafi si no hay condenados en este caso. ¿Sacarnos de sus listas? ¿Premiarnos por lo profundo de una larga investigación que condujo a la nada?
Antes de concluir, no puedo dejar de pensar que el procurador tiene el poder de trasladar a su personal. Pero, ¿solo él? Veo más de una mano cortando ese pastel de la Fiscalía Especial. Y no precisamente la de Caraballo. No hace falta consultar a madame Kalalú para saber “esa sombra mala de quién es”. Pero no olviden, señor Caraballo y compañía, que todos sabemos –eso sí– “quién es el que ríe en inglés”.

