Debo admitir que el discurso del diputado Crispiano Adames (PRD), el pasado 2 de enero, fue, por mucho, más entretenido que la lectura del catálogo de obras que hizo el presidente Laurentino Cortizo, que incluyó muchas obras sin mayor trascendencia nacional, como por ejemplo un estadio de fútbol en Parita, a un costo de $1.1 millones. Con el perdón de los pariteños, ¿cómo es posible que el presidente considere más importante una cancha de juego que el mantenimiento de la Panamericana?
Después de leer su catálogo, nos dimos cuenta de que no dijo una sola palabra del mantenimienteo de la Panamericana. Esta carretera, de uso nacional e internacional, está en ruinas; incluso, ha provocado accidentes. Entonces, ¿por qué no han invertido en darle mantenimiento, pese a que por ésta transitan miles de personas diariamente? Sencillamente, no puedo creerlo. Quizá sí se está rehabilitando uno que otro tramito, pero como la medida para obtener una mención en el catálogo del presidente eran obras que superaran el millón de dólares, es posible que el inútil ministro de Obras Públicas no logró esa mención por lo insignificante de lo que destina para tal fin.
Tal vez crean que rehabilitar esta carretera –en un año preelectoral– les generará votos, pero olvidan que tenemos tres años quejándonos del estado de las calles en todo el país, y de reparar carros, buses y camiones, sin contar las cuentas hospitalarias. El Toro dejó parcialmente la Panamericana con dos vías; Mireya, la vía y puente Centenario; Martín, la cinta costera; Martinelli y Varela, las líneas del Metro. Nito nos heredará los cráteres más profundos conocidos en carreteras y calles del país. El ministro Sabonge le ha arruinado su imagen, pero sigue en el cargo. Mucho le deberá el presidente a este incompetente para permitirle que arruine su legado y el de su gobierno.
En cuanto a Crispiano Adames, pocas veces he escuchado un discurso tan hipócrita. Bien escrito y mejor interpretado, pero tan falso como un billete de $3. Parte de este se lo dedicó al proyecto de ley de extinción de dominio, que, según él, su aplicación en otros países “ha sido catastrófica”, pero no citó un solo ejemplo.
Estoy seguro de que si ese proyecto no afectara las mafias enquistadas en el Gobierno, ya habría sido aprobado, pero como también tiene que ver con los delitos de corrupción, la maleantada de la Asamblea no va a meterse un tiro en el pie. ¡Qué va! Esas múltiples falencias que alega Crispiano son en realidad las cosas que le incomodan y por eso no veremos ese proyeccto aprobado por estos diputados. Y, de hecho, Crispiano le pidió al ministro de Seguridad que lo retire.
Dice Crispiano que si se aprueba el proyecto, será al estilo panameño. ¿Cómo interpretar eso? ¿Tenemos recetas para combatir la corrupción? ¡Por favor! Cuando alguna ilegalidad choca con los intereses de los políticos, lo que hacen es convertirla en legal. No hay tal aspirina contra la corrupción. Lo que hay es somníferos para la justicia y obstáculos para los fiscales.
No aprobar esta propuesta permite que bandas del narcotráfico y de otros delitos aborrecibles mantengan su statu quo, llenándose de dinero mal habido, mientras los políticos protegen sus intereses y se integran a éstas, al tiempo que roban nuestro patrimonio. Por eso no lo aprueban. Eso sería un suicidio económico y político.

