Estamos a tres semanas de que concluya el plazo que tienen los partidos políticos para presentar sus alianzas, si es que van a unirse. Hasta ahora, sabemos de acercamientos, almuerzos, escarceos… y rotundos no, porque algunos están convencidos de que, con o sin alianza, ganarán la contienda del próximo año. En estas circunstancias, el panorama es incierto, aunque si gana el corrupto designado, el horizonte quedará aclarado para los actuales candidatos... y para el país, que sufrirá las consecuencias de egocentrismos trasnochados y ciertamente inoportunos.
Ricardo Martinelli encabeza las encuestas de intención de votos, aunque queda por definir cuál es su verdadera ventaja, porque algunos sondeos parecen hechos en Soná; otros en Marte. Cada encuestadora maneja un número que, francamente, lo que provoca es desconfianza. Se vanaglorian de tener la verdad en sus cifras, pero cuando se mira al pasado, uno se da cuenta de que sus estudios de opinión pública eran de todo, menos precisos. Ni una da explicaciones del porqué de semejantes diferencias.
Por ejemplo: Quantix Panamá, la encuestadora que contrató este medio para medir las elecciones de 2014. En abril de ese año, ponía a Mimito Arias como ganador, con el 37.5% de los votos, seguido por Juan Carlos Navarro, con 6 puntos porcentuales menos, y 11 puntos sobre Juan Carlos Varela. Ipsos, a su vez, también colocó a Mimito encima de todos: 34.2%; Navarro de segundo, con 33.9%, y Varela, con 29.1%. Pero la noche de la elección, los resultados fueron otros y muy distintos: Varela ganó con 39.07%; Mimito, quedó de segundo, con 31.4%, y de tercero, Navarro, con 28.16%.
Es posible que uno o varios hechos disparen una candidatura, pero no recuerdo nada que haya sido catalizador para que, en tan corto tiempo –menos de un mes–, fueran tan distintos los resultados de las encuestas y el de las elecciones. Aun así, cada lector tiene derecho a elegir si cree o no en ellas, pero aconsejo que, si decide hacerlo y su encuestadora no acierta respecto a las elecciones, exija saber por qué. Tiene todo el derecho a saberlo.
Los aspirantes presidenciales de hoy, estoy seguro, deben haber hecho encuestas para saber qué tan robusta es su candidatura respecto a la de sus contendientes. También estoy seguro de que, en cada encuesta, los números variarán notablemente o, en el peor de los casos, si no son los números que quiere el candidato, ignorará los resultados y se la “rifará” en las negociaciones de una alianza. Todo dependerá de lo que quiera cada uno: ser presidente de un país o de lo poco que queda de Panamá.
Si el corrupto sube por causa de posiciones irreconciliables en la negociación de una alianza, la culpa será de ellos, y aunque eso no les importe ahora, a la larga lo lamentarán amargamente, porque la voracidad de este sujeto se multiplicará; destruirá el Estado para hacerlo a su exacta medida y los candidatos que lo adversaron serán los ratoncitos con los que jugará este gato antes de darles un zarpazo y devorarlos.
