El contrato minero dejó al desnudo al Gobierno por segunda vez. La primera fue con el de Hutchison. Y no olvidemos que estos pillos también regalaron cientos de millones de dólares con su ley de incentivos turísticos. No importa ya dónde miremos, no veremos a nadie más generoso con nuestros recursos que el PRD. Gente vendida y traidora, ladrones de alto vuelo, pero de poca monta, que venden el país para lucir zapatos de $700 y correas de $300, convencidos de que las marcas remedian la runchería.
Y ahora estamos en este berenjenal, causado por diputados más escondidos que Bin Laden, porque temen que si sacan la cara para defender este, su contrato minero, puedan terminar en las calles como Mussolini. Es mejor refugiarse bajo las sábanas de la cobardía que simular ser un valiente. Ni les va ni les creeríamos.
Además, para defender eso habrían tenido que leerlo y entenderlo. Pero carecen de entendederas, porque no las necesitan; nunca leen ni entienden ni escuchan. Con todo, allá fueron expertos a aconsejarlos. Se tomaron el trabajo que debieron hacer esos vagos. Trataron de que esas piedras entendieran que si firmaban eso, perderíamos más de lo que ganaríamos. Pero no, triunfó la soberbia del ignorante.
Y por poco Nito Cortizo les arrebata el contrato para estampar su firma. Fue tan veloz, que pocos le creyeron el cuento que nos echó en televisión: que no había salida, que hizo lo correcto, que el contrato lo heredó… de su copartidario el Toro, para ser precisos, que debe estar feliz, pues ya no es su mamotreto, sino el de Nito y su recua.
No faltará quien piense que, con tanto fuego, expresar lo que pienso es esparcir gasolina, cuando lo que se necesita es agua. Pero es que este gobierno nos llevó a un callejón cuya única salida es un agujero al que ellos mismos le prendieron fuego. ¿Cuál será su solución tras firmar un contrato más blindado que un tanque de guerra? ¿Que la Corte Suprema lo arregle con otro fallo de inconstitucionalidad? Con sus antecedentes, eso no sucedería antes de 20 años. ¿O nombrará otra comisión para cuentear a los cuenteados del año pasado? ¿Cree que atenderán un llamado al diálogo con la morisqueta que fue el anterior, que dejó a sus participantes como mequetrefes por creerle a mentirosos profesionales?
Usted y sus pillos, señor presidente, nos metieron en este avispero. Espero que saque un as de la manga o un conejo de la chistera, porque su credibilidad, la de su gobierno y la de la pandilla que gobierna desde la Asamblea, ya no existe. Si tuvo capital político, ya no le queda un gramo. Ahora carga con un pesado cadáver político. Y nadie le ha hecho más daño a su gobierno que usted mismo, porque después de recibir la banda presidencial, la regaló, junto con el poder que concede esa prenda a su portador. Usted renunció a gobernar.
Por eso no debió llevar un taburete a la Presidencia, sino una hamaca, para instalarla en el Salón Amarillo y desde allí deshojar sus rosas rojas. Al menos así habríamos tenido certeza de qué fue a hacer a la Presidencia.
