Antes he escrito de la supuesta labor que desarrolla el ministro de Obras Públicas, Rafael Sabonge. Es obvio que no han sido elogios, ya que hasta se ha ganado el desprecio de sus copartidarios –que ni siquiera son tan distintos a él– porque no se explican su presencia en el Gabinete. Su gestión frente de la red vial nacional es tan eficaz como los esfuerzos del coyote para atrapar al correcaminos.
Si la administración de Sabonge tuviera marca –como Gucci o Fendi– sería Acme, la misma que la del coyote. Mantener la red vial o hacer calles no es lo suyo. En lo que parece ser bueno es en hallar dinero, como el de la campaña paralela de su carnal, en 2019. El nombre de una de sus empleadas, el de su socio Alejandro Rojas Pardini y el de su empresa están en los papales de la campaña paralela. Ese rol de buscadores de plata los tiene en la esfera del mequetrefe y responden a él. Por eso ocupan cargos prestantes.
Pero hacer calles… ¡no, que vá! Eso hay que dejárselo a las empresas que en la campaña paralela apostaron todo al candidato mantequilla, pero, a cambio, el trato era que si ganaba, sus favores serían retribuidos generosamente, cosa que ocurrió. Al pensarlo, me pregunto si los responsables del trato alcanzaron a leer noticias sobre Blue Apple. Claro que antes tendría que preguntarme si leen, y si lo hacen, ¿comprenden?
Si la justicia no tomara tantas vacaciones en la isla del bachateo, habrían varios buscando refugio, lejos de su mirada, como Tumbuctú. O Yibuti, ese pequeño país al que habría ido a parar un notable delincuente constructor de hospitales –examigo del dueño y señor de las llantarrias en X– a quien le estafó millones con la promesa de abundante y fácil ganancia edificando hospitales fantasmas en África. Pero ni dividendos ni capital. Como quien dice, “ele roubou os ovos da águia”.
Sabonge debió preguntarse por qué Federico Suárez está en tanto lío, pero ya es tarde para eso. Ahora tiene una sólida reputación forjada en las calles… donde no hay forma de esquivar un hueco. Pareciera que estudió ingeniería astroinútil para mantener los cráteres, hoyos, rajaduras, subterráneos, baches, sepulturas y hasta campos de cultivo en las calles. Los puentes Bailey han perdido la rodadura asfáltica y ahora el hierro está desnudo. Los neumáticos no se adhieren y la cosa empeora en invierno). Además, las junturas de los puentes no están a nivel, sino escalonadas. Gracias a Sabonge, dudo que haya cerrado un solo taller de mecánica, pese a las crisis que hemos pasado.
En la Interamericana los parches están emparchados, tiene unos huecos monumentales y hay tantos que hasta los ciclistas caen en ellos. Es un desastre. Debería cambiar su apellido, de Sabonge a Sabotaje, porque no hay quien le gane en ponernos de mal humor. Algún día terminará esta tortura y Sabonge saldrá, no por la puerta norte, sino por la del sur, esperando que nadie se acuerde de él ni de su costoso apartamento ni de su miserable gestión. Pero no será así. Por mérito propio, será conocido como el ministro más… (puede completar la frase mentalmente o en la web). Mientras, venturoso año nuevo para todos los que saltaron –o quisieron saltar– en noviembre gritando: “El que no brinca es PRD”.

