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Sábado Picante: Beluga, lechona y azúcar morena

Sábado Picante: Beluga, lechona y azúcar morena
Sábado Picante - 21 de marzo de 2026.

Es curioso que en Panamá se haya celebrado la asamblea de la OEA, organismo al que el presidente José Raúl Mulino le tiene tanta confianza como se la tendría un inmigrante indocumentado al ICE. Solo hay que recordar lo que dijo un mes después de su ascenso al poder, el 1 de agosto de 2024, tras las elecciones en Venezuela: “Lo sucedido ayer en la OEA, más que lastimoso, es deprimente. En algunos casos hay cobardía u oportunismo […] Ojalá que ese tema no quede agotado en esa triste y célebre reunión de ayer en Washington, que tiñe de negro los anales de esa fracasada entidad latinoamericana”.

Indudablemente, tenía razón. Pero, dos años después, tras recordarle a la OEA que “los principios no se negocian”, Mulino se gasta una friolera en organizar una reunión del organismo en Panamá. Se fumigó millones y las únicas cosas que quedarán serán fotos, selfies y cuentas extravagantes. Por ejemplo: cena de bienvenida para 200 personas: $70 mil, o $350 por estómago; o almuerzo para jefes de Estado y cancilleres: $50 mil, o $1,250 por panza. Eso es el equivalente al valor de casi cuatro meses de comida en Panamá, considerando el costo de la canasta básica familiar. Y todo engullido en menos de dos horas. Quizás la OEA no sirva, pero el apetito de sus comensales, además de voraz, es de una excentricidad que da miedo preguntar si es que se comieron allí las últimas belugas del universo.

Lo que sí quedó claro es que, para ser una entidad oportunista y fracasada, Mulino no la privó de nada en lo absoluto. La trató como se trata a un monarca altruista y virtuoso. Son cosas que los simples mortales de a pie no entenderemos jamás, como tampoco el significado de los principios en manos de políticos. Eso está fuera de nuestro alcance intelectual. Y, hablando de entendederas, hubo un ministro que esta semana recibió un inesperado balde de agua fría cuando, tras exponer las bondades de unas obras para las que pretendía que sus colegas le dieran luz verde en el Consejo de Gabinete, ni su jefe lo respaldó.

El presidente le hizo entender que, en estos momentos, esos proyectos, aunque suenen bien y se vean bien, son poco convenientes, porque debía recordar que él está bajo escrutinio público desde hace semanas, al igual que la que fue su empresa, ya que esta ha recibido más plata de su ministerio en estos meses bajo su gestión que la que recibió en todos los años anteriores, cuando no había ni para comprar una silla de odontología, pero ahora, milagrosamente, casi que sobran.

El Golden Boy no parece consciente de que los secretos que subyacían en el ecosistema bajo su despacho han trascendido, como, por ejemplo, la amistad entre el hijo de Chelín —el de la tuna de Calle Abajo de Las Tablas— y el mandamás de ese ministerio, un tipo que no se pierde ni un desfile de las Mil Polleras ni oportunidad de comerse un buen pedazo de lechona. Los negocios o negociados, las amistades, el oportunismo, los actos de compra maquillados de públicos, los millones, etc., todo está expuesto y a punto de cruzar una frontera que podría costarle el puesto a los involucrados. Al menos eso insinuó el jefe mayor.

Y no es que el aprecio del gobernante por el Golden Boy haya disminuido. Lo que ha caído es la confianza en cómo él hace las cosas, quejas a las que se empieza a sumar la propia familia del Golden Boy, que se pregunta si vale la pena, a estas alturas del partido, tener que empezar a usar el ascensor del Ministerio Público.

Y, por último, este fin de semana será muy movido… y divertido. El matraqueo por la presidencia del Órgano Legislativo continuará, pero creo que esa será una carrera de photo finish, porque los ofrecimientos estarán parejos. Los celulares no dejan de sonar; la puja es notable y hasta puede que haya sorpresas, salvo para el aguadulceño, que ya debe estar calculando un humillante retorno a la política del gobierno local, porque el cargo, las promesas y hasta los cuentos que echó para obtenerlo le quedaron grandes.

Ya se habrá dado cuenta de que estar bajo el spotlight de todo un país no es lo mismo que poner foquitos de Navidad en parques de Aguadulce. O, lo que es lo mismo, no debió prometer la miel cuando lo único que tenía era azúcar morena.


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