Un día después de que el asesino Ventura Ceballos se escapara de la Nueva Joya —a principios de 2020— dos ministros terminaron fuera del gabinete de Nito Cortizo: Rolando Mirones y Carlos Romero, de Seguridad Pública y de Gobierno, respectivamente. En contraste, una semana después de la fuga de casi 200 reos de la Nueva Joya, los ministros Frank Ábrego y Dinoska Montalvo aún siguen rampantes en sus cargos, como si nada hubiese pasado. ¿Por qué? ¿Es que la fuga de 195 reclusos es menos importante que la de un asesino? ¿Qué espera el presidente para destituirlos ante una imperdonable negligencia de la que evidentemente no se sienten responsables?
No voy a disimular lo que debe decirse con crudeza. Este gobierno es un fracaso en muchos sentidos, pero en materia de seguridad y justicia, es insuperable. El presidente José Raúl Mulino le otorgó permiso a un lavador de dinero —condenado sin lugar a duda— para ir a gozar en libertad de sus millones mal habidos; quizás porque el mismo Mulino fue investigado por la compra de radares tras salir del cargo de ministro de Seguridad. Haber sido detenido e investigado parecen haber dejado en él un trauma: nadie de su entorno debe ir preso.
Por pura “casualidad”, la ponente de la anulación de su caso, la exmagistrada Ángela Russo, es hoy defensora del pueblo, designada por la Asamblea Nacional. Su abogado es procurador general de la Nación y su ministra de Gobierno, Dinoska Montalvo, fue abogada en el caso Blue Apple, defensora de Kristelle Getzler, esposa del exministro Frank De Lima. Y Getzler, nombrada por Mulino, es directora de la Secretaría Económica de la Presidencia. Montalvo también ha declarado abiertamente ser amiga de la parejita Ferrufino y, en consecuencia, primó la amistad más que la justicia.
Montalvo y el propio Mulino dejaron libre a la esposa del exministro Ferrufino, Milena Vallarino, pese a cargar a cuestas seis años de prisión por enriquecimiento injustificado. Mientras tanto, el sinvergüenza de su esposo, el exministro, fue hacer pan en Navidades y ahora lo vemos feliz y entusiasmado desbrozando hierba cerca de su antiguo vecindario. ¿A quién le deben esos favores? ¿A Mulino? ¿A Montalvo? ¿A ambos? Otro que estuvo en el caso Blue Apple —condenado por blanqueo de capitales— fue el arquitecto George Moreno, aunque eso no importó para pasearse por la villa diplomática nada menos que con las hijas de Mulino.
En la lista de premiados con libertad de Montalvo también figuró Mayra Hall, sentenciada a 33 años de prisión, vinculada al asesinato del comunicador y exgobernador de Coclé, Darío Fernández. Y me cuesta creer que no hubo mano amiga cuando, en septiembre pasado, un juez absolvió a 185 imputados del caso de las indemnizaciones de los diablos rojos, sobre todo porque entre los acusados estaban el exministro ‘Ricky’ Fábrega —asesor de Mulino— y el secretario general de la Contraloría, Ventura Vega.
Y si fuera poco, Mulino se enorgullece de su cercana amistad con uno de los acusados en el caso Odebrecht: Juan Antonio Niño. Abiertamente, apostaré un centavo a su condena en el juicio y $10 a que se salva. Pero volvamos al presente: Con permiso de la negligencia rampante y de la impunidad obsequiada, 200 reclusos huyen de la cárcel en circunstancias en las que la opacidad se espesa tras conocerse una carta del supervisor de La Joyita en la que revela supuestas reuniones no comunicadas entre líderes pandilleros y oficiales de la Policía y de traslados inconsultos de internos.
En fin, cuando no es la puerta giratoria de la justicia o del Ejecutivo, tumban la cerca, pero todos los caminos conducen a la libertad. La justicia que ansía Mulino no pasa por sus amigos, compañeros o excompañeros de gobierno. Eso sí: clavos para sus enemigos y libertad para sus compinches, sin importar si son o no culpables. Por eso, ahora entregarse a las autoridades es el primer paso para obtener libertad casi inmediata, y luego el juicio es garantía de no ser encarcelado nunca más. Es así cómo han encontrado la ingeniosa manera de burlar sentencias y procesos. La verdad es que merecen ser felicitados, porque han demostrado —pruebas en mano— que pueden convertir una condena en libertad casi absoluta.

