La primera promesa que no puede cumplir el Gobierno es lo del “chen chen”. No sé por qué muchos creen que las promesas del presidente pueden ser mágicas. Es obvio que no es así, pero hay votantes que ven la política como un asunto de fe, no de raciocinio. Ponen su fe en un individuo, en vez de creer en un sistema. Y mientras se nieguen la verdad –porque anteponen sus ilusiones y deseos a la realidad– terminarán siendo víctimas de sí mismos. Veo a muchos desilusionados esperando un nombramiento en el Gobierno en pago a sus servicios en campaña. Ignoraron la realidad económica, las advertencias. Pensaron que su líder –cuál de los dos que prometía la magia del “chen chen”– se haría cargo de ellos. ¡Necios ilusos!
El presupuesto del Estado 2025 nos dice que el “chen chen” no llegará; entre $3 mil y $4 mil millones menos que el vigente. No es buena noticia para los que esperaban que el maná fuera automático con Mulino… o del delincuente, esperanza que alimentaron ambos a sabiendas de que lo primero que tenían que hacer al llegar al Gobierno era cerrar el grifo del despilfarro. Pero los necios se negaron a escuchar que el dichoso “chen chen” era abiertamente una mentira. El que no quiera admitirlo a estas alturas es doblemente necio, sordo y ciego.
Para colmo, el presidente cree que estos son los mismos tiempos de Martinelli, cuando empezaba la fiesta. Pero estamos al final de una fiesta que duró quince años y a Mulino le llegó la factura. Y las deudas, por más fiestas que hayan pagado, no son bienvenidas. Le tocó, además, la parte menos festiva: la resaca, y con esta, un recorte presupuestario que no le gusta a sus políticos, cuya codicia repentinamente parece haber pasado por una bariátrica. El “chen chen” no alcanzará para volverse ricos. Y la cerecita de la desilusión es la Caja de Seguro Social (CSS). La resaca es como de 14 pisos… y contando.
Por eso los jamones serán necesarios: para calmar los efectos de la goma, pues las cosas no pintan bien para fin de año. Espero equivocarme, pero no siento buen ambiente. Veo a obreros, maestros y profesores y otros gremios –además de los que añoran el “chen chen”– esperando lo que harán con la CSS para ir a las calles. Y esto debió prevenirlo Mulino. Ni él ni algunos de sus ministros en puestos claves frente a lo que parecen ser inminentes protestas callejeras, tienen el perfil de negociador que se necesita para evitar la confrontación directa. Son lo contrario.
El subconsciente colectivo sabe que algo puede o va a pasar. Y por eso, la gente, los negocios parecen estar pausados, esperando el fin de año. Muchos saben que el maná no saldrá de las piedras y se preparan para ese escenario en las calles que ya les es familiar. Pero, además, creo que vivimos múltiples déjà vues con el nombramiento de algunos inútiles con aromáticas reputaciones o familiares nombrados porque sí, porque él puede hacerlo. ¿Es que no piensa que eso impacta en su escaso capital político? Insisto: Ojalá me equivoque, pero la desilusión ya no es privativa de los necios que creyeron en el milagro del “chen chen”. Empieza a despertar a los hipnotizados por Mulino que no votaron por él.