El PRD no está muerto, pero está peligrosamente dividido. De sus entrañas han salido tres candidatos: El actual vicepresidente, Gaby Carrizo, respaldado por los diputados más impresentables de ese colectivo; la diputada Zulay Rodríguez, híbrida: con apoyo del PRD y del ¿opositor? RM, y Martín Torrijos, respaldado por los huérfanos de la actual dirigencia del PRD, muchos de ellos, incluso, fundadores de ese partido, han renunciado desde la escogencia de Carrizo como candidato o porque el PRD respaldó el contrato minero y ahora porque cifran sus esperanzas en una dirigencia más honesta.
En el escenario remoto de que gane Gaby, este, al igual que su mentor, Nito Cortizo, será un títere del régimen parlamentario de los viejos lobos y hienas del PRD, que lo convertirán en su juguete, tal como lo ha sido Nito en estos cinco años. No pasará de ser un sirviente glorificado que tendrá que hacer todo lo que le pidan, todo. No gobernará porque desde la Asamblea Nacional lo manejarán y él correrá con todos los errores del Gobierno, incluso los que no sean de él. Los gobernantes serán las caras más detestables de la Asamblea, como lo son hoy.
¿Y si gana Zulay? Primero hay que ver si puede seguir en carrera. No olvidemos que tiene causas penales en la Corte Suprema, y si la condenan, quedará como su amiguito asilado: sin poder correr. Pero, si supera el proceso penal por el oro que se quedó de uno de sus clientes y ganara los comicios, no puedo imaginar el caos. Impulsiva, radical, incompetente, vengativa, ofensiva, capaz de todo lo imaginable e inimaginable, este país no será muy diferente a Venezuela. Con Zulay es mejor apagar la luz y largarnos.
Paralelo a su victoria, Zulay tomaría el control del PRD y sacará a patadas a todos sus enemigos o negociará con el que esté dispuesto –o sea, todos los que quieran estar en la papa– dinero, leyes, contratos, reelección, corregimientos y dinero para echarse al bolsillo. Pero a los que estén bajo su lupa, los echará sin importar formalidades. Saldrán del Gobierno como pepita de guaba.
El tercer candidato es Martín. Lo impulsa un partido famélico. Su mayor respaldo viene de los olvidados y despreciados por el PRD, los fundadores y una cantidad no despreciable de independientes. Aún así, tengo dudas de que gane, pero si pretende hacer la lucha, tendría que concentrarse en un plan para que los líderes actuales del PRD pierdan sus curules y poder, porque, de otra manera, tendrá que pactar con ellos y no le pedirán nada santo. Y ¿qué hará si se tiene que enfrentarse a las hienas de su partido?
Pero, aún perdiendo las elecciones, tendría oportunidad de recuperar el liderazgo del PRD, volviendo al partido y exigiendo que la actual dirigencia pague por la más estruendosa derrota del PRD porque sus líderes impulsaron a un soberano mequetrefe sabiendo que no tendría el menor chance. Y, sin descuidar la campaña presidencial –que le daría los votos necesarios para exigir cuentas a los derrotados– debería negociar acuerdos para desbancar de sus curules a la dirigencia actual. Lo importante no es ganar las presidenciales, es ganar el partido y luego consolidar su candidatura con verdadera oportunidad de ganar en 2029. O sea, perder para ganar.

