Los comicios pasados dejaron muchas lecciones, pero una de las más trascendentes, a mi juicio, es lo sucedido en la Asamblea Nacional (AN), donde solo 13 diputados retomaron sus curules de los 60 que buscaron la reelección, lo que implica que el restante 80% fue barrido. A pesar de ello, los partidos políticos no han analizado las causas ni examinado lo ocurrido ni asumido su responsabilidad. Por otro lado, los movimientos independientes sumaron muchos más diputados de lo que los partidos políticos esperaban.
El Movimiento Otro Camino podría haber tenido un mejor desempeño. Su estrategia se centró en la candidatura de Ricardo Lombana, pero habría sido beneficioso invertir más tiempo en sus candidatos a diputados, apoyarlos más y trazar una estrategia para obtener la mayor cantidad posible de curules. Creo que entonces estaríamos ante un escenario político diferente. Controlar la AN significa controlar el rumbo del país, y para ello es necesario tener un proyecto claro. Insisto en que se trata de controlar el rumbo, no el país. Sin embargo, para los candidatos presidenciales, controlar el país es precisamente su objetivo, convencidos de que al hacerlo, también controlarán el rumbo.
El PRD y sus aliados han demostrado lo contrario: han gobernado desde la AN y Ricardo Martinelli entendió esto perfectamente; por eso desde el inicio buscó tomar control. Martinelli es pragmático y astuto, acostumbrado a manejar no uno, sino varios escenarios futuros para lograr sus objetivos. Esto le ha permitido sobrevivir hasta hoy. Quienes deseen jugar su juego deben entender que él es un ajedrecista. Él no reacciona; él planea y puede llevar a sus enemigos, víctimas e incluso amigos a donde los espera para darles un jaque mate con precisión quirúrgica.
Como en el ajedrez, a veces son necesarios los sacrificios y Martinelli no solo cree en ellos: sabe cómo administrarlos e incluso practicarlos, porque para él lo importante es alcanzar sus metas, sin importar los sacrificios propios o los que diseñe para otros. Los medios que utilice para lograrlo son secundarios para él. Por eso, en su entorno no hay amigos, sino herramientas para sus propósitos. Para Martinelli, la AN es una herramienta, pero también un arma que está afilando y que no dudará en usar si sus objetivos se ven amenazados.
Algunos diputados, incluso independientes, serán tentados, como lo fueron muchos en el pasado. Tendrán que decidir entre tener un empleo en la AN o acceso a privilegios y riquezas obtenidos de manera ilícita. Serán tentados hasta que alcancen su precio, si es que lo tienen. Otros solo esperarán la oferta para pasarse al lado oscuro, pues ya viven en él. Por ahora, los diputados de los partidos políticos creen que unidos resistirán la embestida de los independientes, sin darse cuenta de que los electores empiezan a ver solo dos bloques en la AN: los independientes y los demás. Esto no garantiza ni su carrera ni la existencia de sus partidos. Ojalá lo comprendan antes de que se vean acorralados por su propia mano, convertidos en tierra fértil para el tirano, conscientes entonces, pero demasiado tarde, de que ni ellos ni sus partidos sobrevivirán después de este quinquenio. Y entonces, ¡jaque mate!

