Cuesta trabajo abordar el tema de los auxilios económicos del Ifarhu sin recurrir a la variante panameña del francés. La escoria que gobernó en los últimos años es la más inhumana que recuerdo. Además de sus conocidos —y desconocidos— chanchullos, esquilmaron fondos a estudiantes que sí los necesitan; les robaron el futuro para que sus hijos —que pueden estudiar con préstamos o con su dinero mal habido— estudiaran en Estados Unidos, Canadá o Inglaterra. Arrastraron a sus hijos y familias al estercolero en el que están tan a gusto.
Ahora cobra más sentido por qué el inepto contralor era la tapadera. Es que siempre olió al mismo almizcle de sus cómplices, que poco a poco quedan al descubierto mientras él queda como el pelele de la corrupción. Llevo semanas —a propósito— esperando que el Ejecutivo o el Ministerio Público nos digan cuántas denuncias han interpuesto para investigar el masivo despojo del que fuimos víctimas. ¿O es que creen que es suficiente hacerlo en redes o en comunicados que el Ministerio Público ignora olímpicamente?
Nos roban, ¿y aquí no ha pasado nada? ¿Qué pasa con las decenas de millones de la descentralización paralela? Hay que ser de piedra para dejar pasar el peor pillaje que recuerdo, o un miserable insensible para leer y oír sobre los robos y luego mirar a otro lado. ¿O es que todos están hechos del mismo barro maloliente? ¿Es que se les ve tan sonrientes porque pareciera existir un pacto de no agresión entre viejos y nuevos gobernantes? ¿O se burlan porque están seguros de que una investigación —si es que se le puede llamar así— jamás llegaría al fondo de sus inmundicias?
Ríe Bolota, diputado colonense reelecto ($14 millones de descentralización paralela), y todavía tiene el descaro de pedir plata para que su prole estudie en el extranjero. Sara Montenegro, diputada suplente de Crispiano ($100 mil en auxilios para su hija). ¿Se le terminó la platita que acumuló en Mossack Fonseca? Nelson Jackson, diputado y nuevo directivo del Canal de Panamá ($130 mil del Ifarhu para sus hijas), ¿por qué no vende los dos apartamentos que compró al contado en 2011 en Condado Country Club, por $293 mil, tras cambiar de partido?
¿Por qué el diputado Adames no vende sus botellas de Macallan para pagar los estudios de su hija en vez de pedirle plata al Ifarhu? ¿Qué hay del exdiputado Roberto Ábrego? Su Maserati podría pagar los estudios de su hijo, en vez de robarle la oportunidad a quienes sí necesitan esos $190 mil que el Ifarhu le regaló. Si la sinvergüenzura tuviera un rostro, no sería suficiente; es que Panamá es una hidra y mora en la 5 de mayo.
Ojalá el contralor, el simplón de Meneses —exdirector del Ifarhu— y cada involucrado respondan por sus acciones y omisiones. Y, señor procurador, por favor, enfóquese y, aunque es tarde, trate de salir por la puerta ancha. ¡Haga su trabajo!

