Esta semana fue extraña de muchas formas, en especial en el tema de la exposición pública de los candidatos presidenciales. El debate del pasado lunes, por ejemplo, fue una exhibición de dagas y estiletes. Rómulo Roux le dijo una gran verdad a Martín Torrijos. Le hizo una pregunta que me hecho también: ¿De qué ha vivido en los últimos quince años? ¿De dónde saca sus ingresos?
Pero también me pregunto de qué han vivido estos años el exdiputado de Las Tablas Tito Afú o el candidato a diputado por Chilibre Porfirio ‘Bolita’ Ellis, ambos del partido de Roux (CD) que buscan convertirse en diputados. ¿No cree que debería preguntarles lo mismo y decírnoslo? Pero, además, demostró ser un demagogo descarado: sus propuestas de crear medio millón de empleos o medicinas gratis tienen la misma seriedad que las de Martinelli cuando promete eliminar la corrupción en su gobierno, algo que nunca se hará realidad.
Perdón por el español, pero Lombana fue a repartir ostias a todos, incluso, tomó Torrijos, su empleador cuando su gobierno lo nombró cónsul en Washington, cargo al que renunció, según dijo en ese debate, por todo lo que veía, visión que no compartió, aunque habría sido revelador para los electores, pues, si lo que vio fue malo, pudo haber sido un golpe al hígado a Torrijos. No lo hizo. La respuesta de Torrijos hizo que Lombana sacara su certificado de graduación, fechado en 2021, dejando al expresidente como un amateur. Pero, aunque he buscado la mención de esa graduación, no he hallado nada: Ni en sus biografías, ni sus hojas de vida.
En cuanto a Zulay, una tafil antes de los debates le podrían ayudar a controlar ese miedo escénico que proyecta con la tembladera de su voz, lo cual distrae hasta hacer perder la concentración a los que la oímos. Aunque, sinceramente, de nada nos perdemos. Luego, en el foro que organizó Conep, Zulay demostró valentía al espetarle a todos los equipos económicos de sus adversarios que ellos eran los culpables de lo que pasa hoy con las empresas estatales privatizadas por el Toro. Pero horas después, asomó su cobardía. No se presentó a la audiencia de imputación por la apropiación de 66 kilos de oro de un cliente suyo. Arrojo con impunidad, cobarde como simple mortal.
Creo que no solo le tembló la voz, sino las piernas, porque hasta renunció a su curul para irse a la justicia ordinaria, como le enseñó el escondido en la Embajada del dictador. Esos dos son tal para cual, locos, cobardes e hipócritas. Por cierto, José Raúl Mulino ni nadie de su equipo fue al debate de Conep. Entonces, ¿cuál es la quejadera de que no los invitan si cuando lo hacen no van?
Por último, el mequetrefe. Si cree que Panamá es un país seguro, como Francia, ¿por qué él y su familia tienen que moverse con tanto guardaespaldas? ¿O por qué ministros y diputados tienen hombres armados? Nos dice que vivimos tan seguros como en Canadá, pero, irónicamente, él es el vivo ejemplo de que eso es estúpida mentira. Si renuncia a sus guardaespaldas, entonces empezaré a creerle que no es un cobarde. ¡Cínico!

