Regístrate para recibir los titulares de La Prensa en tu correo

Exclusivo Suscriptores

Salud mental 1.0: ansiedad, el diagnóstico más común

Imagina que eres un cavernícola: estás caminando por la tierra hace millones de años y, de repente, escuchas un crujido. Tu cuerpo reacciona en ese momento: tu corazón se acelera para bombear sangre a las piernas, tus pupilas se dilatan para ver mejor y tu digestión se detiene para ahorrar energía.

Todas estas respuestas te preparan para protegerte. Este mecanismo actúa como un sistema de alarma y es una función biológica sumamente importante. Sin embargo, este mecanismo no solo reacciona a peligros reales, sino también a peligros percibidos; por ejemplo, pensar: “me van a abandonar si hago tal o cual”. Cuando comenzamos a creer que anticipar todo lo que pueda pasar nos protege de alguna manera, este mecanismo ya no funciona apropiadamente.

Lo más complejo es que muchas veces estas respuestas no son conscientes. Imagina un detector de humo que no solo suena cuando hay fuego, sino también cuando haces tostadas o incluso cuando no hay humo en absoluto. Esa es la ansiedad clínica. Según la Organización Mundial de la Salud, más de 300 millones de personas viven con este “detector averiado”, convirtiendo a la ansiedad en el trastorno de salud mental más común del planeta.

A menudo usamos los términos “estrés”, “preocupación” y “ansiedad” como sinónimos. Entender sus diferencias es el primer paso para recuperar el control.

● El estrés es una respuesta a una amenaza externa. Tiene una causa clara (una fecha de entrega) y, crucialmente, desaparece una vez que la situación se resuelve.

● La preocupación es el componente cognitivo (mental). Es esa cadena de pensamientos repetitivos que intentan resolver problemas futuros (ej.: “¿Y si pierdo el trabajo?”, “¿y si no llego a tiempo?”).

● La ansiedad es la fusión de ambas, pero amplificada. Ocurre cuando la preocupación mental activa la respuesta física del estrés, sin que haya un peligro inminente real. La clave es que la ansiedad persiste, es desproporcionada respecto al estímulo y, a veces, no sabemos ni por qué nos está ocurriendo.

Es un error común pensar que la ansiedad es solo “pensar demasiado”. La realidad es que es una experiencia profundamente fisiológica. Al no poder “huir” físicamente de nuestras preocupaciones modernas, la adrenalina y el cortisol se acumulan en el cuerpo, manifestándose de formas que pueden asustar:

Síntomas físicos: taquicardia o presión en el pecho, sensación de falta de aire, tensión muscular, problemas digestivos, insomnio.

Síntomas psicológicos: sensación de fatalidad inminente, dificultad para concentrarse, irritabilidad y necesidad de controlar.

La ansiedad no se presenta de una sola manera; existen varios tipos.

  1. Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG): es la preocupación crónica por todo. Quien lo sufre vive en alerta constante, anticipando desastres en temas cotidianos, incluso cuando no hay motivos lógicos.

  2. Trastorno de pánico: se caracteriza por ataques súbitos de terror intenso que alcanzan su pico en minutos. Los síntomas físicos son tan fuertes que muchos terminan en urgencias pensando que sufren un infarto.

  3. Ansiedad social: va más allá de la timidez. Es un miedo paralizante a ser juzgado o humillado en situaciones sociales, lo que lleva al aislamiento.

  4. Fobias específicas: miedos irracionales a objetos o situaciones concretas (volar, las alturas, agujas) que provocan una conducta de evitación inmediata.

Si al leer esto te has sentido identificado, o reconoces a alguien cercano, hay una buena noticia: la ansiedad es altamente tratable. No es una condena; es una condición que se gestiona.

Si es un ser querido quien sufre: evita frases como “cálmate” o “no te preocupes, todo está en tu mente”; esto solo aumenta su frustración y culpa. En su lugar, practica la presencia empática. Pregunta: “¿Cómo puedo apoyarte en este momento?” o simplemente di: “Veo que lo estás pasando mal, aquí estoy contigo”.

Si eres tú quien sufre: no tienes que vivir así para siempre. Si al leer este artículo has sentido que describe tu día a día, detente un momento. La ansiedad no desaparece ignorándola; de hecho, suele hacerse más ruidosa con el tiempo. No normalices vivir con miedo, insomnio o taquicardia.

Si estos síntomas interfieren con tu trabajo, tus relaciones o tu descanso, da el paso hoy: te invito a hablar con tu médico de cabecera o con un psicólogo para que puedas descartar la posible presencia de un trastorno o, quizá, un nivel elevado de ansiedad. Buscar ayuda no es un signo de debilidad; es el acto más valiente de amor propio que puedes hacer por ti mismo.

La autora es psicóloga.


LAS MÁS LEÍDAS

  • PASE-U 2025: El Ifarhu anuncia nuevas provincias para entrega de cheques. Leer más
  • Panamá extradita a un falso piloto que estafó a 4 aerolíneas. Leer más
  • Agroferias: el IMA anuncia puntos de venta para este viernes 30 de enero. Leer más
  • Las preguntas de Blandón al alcalde Mizrachi sobre el manejo de Summit. Leer más
  • Corte Suprema de Justicia declara inconstitucional contrato entre el Estado y PPC. Leer más
  • Copa Airlines invertirá más de $500 millones en 2026 y sumará 33 aviones hasta 2027. Leer más
  • Presidentes de América Latina visitan las esclusas de Cocolí del Canal de Panamá. Leer más