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Salud mental 1.0: la popular depresión

Muchas personas usan la palabra “depresión” cuando están hablando de estar tristes.Esta identificación de un diagnóstico con una emoción puede confundir la comunicación y tener repercusiones en cómo lidiamos con diversas situaciones. Por ejemplo, cuando una persona experimenta la muerte de un ser querido, quienes están cerca pueden temer que, al dejarse sentir su tristeza por el dolor, se deprima. Por lo tanto, la pueden empujar a salir de ese estado de ánimo antes de lo que necesita para hacer el proceso saludable de duelo. El objetivo de este artículo es aclarar un poco esta diferencia, no que sirva como un autodiagnóstico.

La Organización Panamericana de la Salud describe la depresión como una enfermedad común pero grave que interfiere con la vida diaria, con la capacidad para trabajar, dormir, estudiar, comer y disfrutar de la vida. La depresión es causada por una combinación de factores genéticos, biológicos, ambientales y psicológicos.

Al igual que la ansiedad, la depresión no se presenta de una sola manera.

  1. Trastorno depresivo mayor (depresión clínica): Es el tipo más reconocido. Se caracteriza por un estado de ánimo deprimido que persiste la mayor parte del día durante al menos dos semanas. Entre los síntomas están sentimientos profundos de tristeza, vacío o desesperanza; pérdida de interés en actividades que antes se disfrutaban; cambios drásticos en el apetito o el peso; insomnio o dormir demasiado; fatiga extrema y/o dificultad para concentrarse.

  2. Trastorno depresivo persistente (distimia): Es una forma de depresión de larga duración. Aunque los síntomas pueden no ser tan “incapacitantes” como en la depresión mayor, son constantes y duran al menos dos años. Incluye baja autoestima y sentimientos de inadecuación, sensación de estar en “automático” o con una “nube gris” constante, irritabilidad crónica y/o poca energía habitual.

  3. Trastorno afectivo estacional (TAE): Está relacionado directamente con los cambios de estación, comenzando y terminando generalmente en las mismas fechas cada año, usualmente en otoño e invierno. Se manifiesta con retraimiento social, necesidad de dormir mucho más de lo normal y aumento de peso debido a antojos de carbohidratos.

  4. Depresión perinatal (posparto): Mucho más profunda que el cansancio típico de la maternidad. Puede ocurrir durante el embarazo o después del parto. Se presenta con ansiedad extrema o ataques de pánico, dificultad para establecer un vínculo afectivo con el bebé y/o miedo constante a no ser un buen progenitor o a lastimar al bebé.

  5. Trastorno bipolar (fase depresiva): Aunque es un trastorno distinto, incluye episodios de depresión profunda que se alternan con períodos de manía (euforia o energía extrema). En la fase depresiva, los síntomas son idénticos a los de la depresión mayor. El diagnóstico es crucial porque el tratamiento varía drásticamente respecto a una depresión estándar.

Podemos observar que muchos de los síntomas se parecen a cómo una persona puede sentirse durante un duelo. Para distinguirlos, se utilizan las tres D: duración (¿cuánto tiempo ha pasado?), disfunción (¿afecta la vida diaria?) y desproporción (intensidad). Cada diagnóstico tiene criterios específicos y los profesionales idóneos son quienes pueden verdaderamente decirte qué estás presentando.

Cuando ya se cuenta con un diagnóstico, existen varios tratamientos:

  1. Psicoterapia: Es el pilar fundamental para entender los patrones de pensamiento y comportamiento. Las investigaciones indican que toda terapia que ayude a la persona a reflexionar sobre sus pensamientos, conductas y emociones puede ser beneficiosa.

  2. Tratamiento farmacológico: Los medicamentos ayudan a equilibrar los neurotransmisores en el cerebro. Requieren supervisión médica estricta y suelen tardar de dos a cuatro semanas en mostrar efectos notables.

  3. Tratamientos tecnológicos y médicos: Para casos de depresión resistente, cuando los fármacos y la terapia no son suficientes, el profesional puede recomendar estimulación magnética transcraneal o esketamina, tratamientos más recientes para depresiones graves de alivio rápido.

  4. Cambios en el estilo de vida: Aunque por sí solos no suelen curar una depresión mayor, son potenciadores esenciales del tratamiento: higiene del sueño, actividad física y nutrición saludable.

La depresión crece en el silencio y el aislamiento, porque convierte los pensamientos negativos en la única realidad posible. Esta distorsión puede llevar a una profunda desesperanza. Si algo de lo anterior resuena contigo, no eres el único: más de 280 millones de personas en el mundo conviven con esta condición, muchas en silencio. Actuar es clave: no te quedes solo y busca ayuda profesional. La depresión es altamente tratable.

La autora es psicóloga.


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