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Salud Mental 1.0: No toda distracción es TDAH

Salud Mental 1.0: No toda distracción es TDAH
Sensibilizan por trastorno de atención

¿Cuántas veces no te ha pasado que postergas un trabajo? Todo a tu alrededor parece mucho más interesante y más fácil de cumplir. Te dedicas horas a arreglar tu habitación, barrer la casa con detalle e incluso ordenar ese viejo armario.

En ocasiones, es posible que un trabajo escolar, laboral o incluso recreativo pueda ser interpretado por el cerebro como una actividad muy demandante. Esto no necesariamente quiere decir que tienes un problema para prestar atención o que tienes TDAH (trastorno por déficit de atención con hiperactividad e impulsividad). A veces, las situaciones de la vida diaria explican mejor la dificultad atencional que un trastorno mental.

En la vida experimentaremos variados momentos que nos dejan vulnerables y nos exponen a la sobrecarga cognitiva, como cuando abres muchas aplicaciones en el celular y se pone… lento. Al sentirte así, vale la pena hacer una pausa y automonitorearte. ¿Esto qué quiere decir? El automonitoreo tiene que ver con mirarnos a nosotros mismos. Es hacer una pausa y revisar qué está pasando por nuestra mente y cómo nos estamos sintiendo.

Es posible sentir tensión general por la percepción de un ambiente de trabajo muy estresante. Su prolongación transmitirá señales de peligro al sistema nervioso y, por lo tanto, se activará el sistema de alarma, lo que a su vez facilitará la presencia de hormonas como la adrenalina, la noradrenalina y el cortisol. Ellas son las hormonas del estrés y desencadenan las respuestas de huida, parálisis o pelea. No vienen solas; se acompañan de respuestas biológicas como la dilatación pupilar, aumento del ritmo cardíaco y respiratorio y tensión muscular.

Su exposición prolongada podría desarrollar problemas de sueño y dificultades en la concentración, entre otros. Otras causas pueden ser problemas familiares, financieros, trastornos mentales como la ansiedad y la depresión o incluso un proyecto personal. El estrés prolongado tiene la capacidad de generar en nosotros síntomas muy parecidos a los del TDAH, sin realmente padecerlo.

El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo que inicia en la infancia y se caracteriza por patrones persistentes de inatención y/o hiperactividad e impulsividad. Se estima que afecta al 5-7% de la población infantil y que las manifestaciones podrían persistir en la adolescencia y en la adultez.

Según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, quinta edición, versión revisada (DSM-5-TR), el TDAH está caracterizado por dificultades para sostener la atención, problemas de organización, tendencia a la impulsividad e inquietud motora. Los síntomas deben estar presentes desde la infancia, en distintos contextos y deben generar un impacto en el funcionamiento diario de la persona.

Este trastorno no se manifiesta igual en todas las personas. Algunas parecen estar en las nubes o en su mundo; otras interrumpen frecuentemente y son muy inquietas y/o bulliciosas. En otros casos, es posible que presenten estos tres grandes rasgos de manera simultánea, aunque en diferente medida.

Si notas que estos síntomas han estado presentes en tu vida mucho antes de los factores estresantes que estés viviendo y te generan un malestar significativo, lo mejor es consultar a un especialista de salud mental. Te puede ayudar con el diagnóstico un psiquiatra, un psicólogo clínico o un neuropsicólogo.

Para entender con detalle cómo están funcionando tus procesos cognitivos, es decir, puedes solicitar una evaluación neuropsicológica con el neuropsicólogo. Su valoración permitirá que entiendas mejor tu perfil cognitivo. Así será más fácil poner en palabras cómo entiendes el mundo, comunicarle a tus seres queridos cómo funcionas mejor y definir qué métodos son más eficientes y funcionales para tu día a día.

Algunas recomendaciones: si experimentas debilidades en la atención sostenida, podrías enfocarte en métodos que activen tu sistema de recompensa, es decir, que te permitan percibir gratificación en lo que estás haciendo. Una idea para ello es encontrar qué sentido tiene una actividad para ti o conectarla con un gusto personal, como el uso de plumones de colores. Otras ideas son segmentar el tiempo de trabajo, establecer metas cortas y premiarte cuando llegues a cierto punto de la actividad.

Aunque el TDAH existe, distraerse es humano. El estrés puede influir en cómo procesamos la información del mundo exterior. La evaluación clínica permitirá que tomes las mejores decisiones en tu día a día. Recuerda: ¡No todo lo que brilla es TDAH!

La autora es neuropsicóloga.


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