Afortunadamente, vivimos en una época moderna donde la tecnología y la comunicación instantánea están a nuestro alcance, facilitándonos muchas cosas. Sin embargo, hemos quedado rezagados en el aspecto humano. La salud mental ha sido, es y seguirá siendo importante, pero rara vez le prestamos la atención que merece. Desde pequeños, a los niños se les dice que llorar no es cosa de hombres y se reprimen sus sentimientos. A las niñas, por otro lado, se las sigue criando como si su único propósito fuera ser madres y llevar un hogar. Es aquí donde las cargas emocionales que llevamos se convierten en un peso enorme que, si no se trata, desencadena traumas y acciones que a menudo son difíciles de entender para los demás.
Los traumas no resueltos y las afectaciones emocionales pueden hacer que la depresión no tenga rostro. Una persona que “aparentemente” es normal puede cargar con ese peso sin que los demás lo noten o puedan ayudar. La salud mental requiere valentía: valentía para reconocerla y aceptarla, y luego de eso, se necesita tener los recursos para asistir a terapia y obtener la ayuda de un profesional. La realidad es que el sistema de salud cuenta con pocos profesionales y hay una gran demanda. Sin embargo, lo que más juega en contra es la falta de educación sobre el tema. Debemos dejar de ver la salud mental como una enfermedad, o peor aún, como si quienes aceptan que necesitan ayuda estuvieran “locos”. Esto no es así.
Es hora de normalizar el hecho de sentirnos mal y de buscar ayuda. Esto no nos hace débiles. Debemos educar a nuestros hijos para que entiendan que sentir empatía por los demás está “de moda”, y es una moda sana que todos deberíamos practicar. Muchas veces, tenemos personas a nuestro alrededor con cambios de conducta que deberían alertarnos de que algo anda mal. Sin embargo, vivimos tan apresurados que no nos detenemos a preocuparnos por nadie. Por eso, cuando suceden desenlaces fatales, recién nos enteramos de que esa persona atravesaba una situación difícil.
Nosotros, como adultos responsables de nuestras vidas, debemos entender que en este mundo cambiante y apresurado, es necesario hacer una pausa y cuidarnos. Debemos atender este aspecto tan importante para poder seguir cuidando de otros. En las escuelas, debería haber más profesionales de salud mental atendiendo los casos de los niños, para así formar hombres y mujeres de bien. Hoy en día, los padres deben trabajar, lo que limita el tiempo con sus hijos. Los niños crecen carentes de amor y cariño. Por otro lado, las cargas de trabajo, las responsabilidades y los compromisos también aplastan a los adultos, quienes muchas veces no saben cómo aliviar ese peso.
Si empezamos a alzar la voz y a llevar este mensaje a más personas, seremos agentes de cambio y sin duda salvaremos muchas vidas. Esta es la dura realidad de un mundo tan complejo y lleno de apariencias. Es difícil encontrar amigos verdaderos, personas que realmente quieran ayudar y guiarnos a buen puerto. Todos merecemos una vida sana, todos merecemos vivir en un lugar seguro, y no deberíamos ser vistos como “bichos raros” si, por las circunstancias de la vida, nuestra mente se complica y necesitamos ayuda para encontrar el bienestar. Digo “merecemos” y me incluyo, porque nadie está exento de pasar por esto. Necesitamos más empatía por el prójimo, más amor y menos odio. A la hora de juzgar, no olvidemos que, en este mundo que gira y gira, los lugares pueden cambiar.
La autora es ciudadana