El 10 de octubre se celebró el Día Mundial de la Salud Mental, ocasión que ofrece la oportunidad de crear mayor conciencia sobre los problemas y las consecuencias del estrés y otros trastornos mentales y movilizar esfuerzos en apoyo de la salud mental. Este año bajo el lema “La salud mental en el trabajo”, se busca fomentar una cultura de dignidad, respeto e inclusión en el ambiente laboral.
Estudios indican que la vida moderna, altamente competitiva, está contribuyendo a un aumento en el estrés relacionado al trabajo. La OMS advierte que una de cada cinco personas en el trabajo padece de problemas de salud mental. Adicionalmente, el estigma y la falta de conciencia acerca de la salud mental en el trabajo genera barreras a la equidad en el trabajo. Además, frecuentemente, las personas con problemas de salud mental ocultan sus trastornos por temor a la discriminación cuando están buscando trabajo o para proteger su trabajo.
Esto trae graves consecuencias económicas y laborales porque los problemas de salud mental impactan directamente en el desempeño laboral al causar ausentismo; presentismo (productividad reducida), reclamos de incapacitación, lesiones y enfermedades, quejas del personal (compañeros) y de los clientes, rotación de personal, y consecuencias legales.
La depresión en el trabajo es una de las causas principales de productividad perdida, ausencia por enfermedad y retiro prematuro. La depresión es un desorden mental que afecta a personas de todas las edades y condiciones sociales. Provoca angustia mental y afecta la capacidad para llevar a cabo las tareas cotidianas más simples, lo que produce efectos nefastos sobre las relaciones con familiares y amigos y sobre la capacidad de trabajar. En el peor de los casos, la depresión puede provocar el suicidio, que actualmente es la segunda causa de muerte entre las personas de 15 a 29 años de edad.
Cerca del 10% de la población mundial se ve afectada por depresión o ansiedad, y entre 1990 y 2013, el número de personas que sufre de depresión o ansiedad aumentó en un 50%. Además, cerca del 50% de las personas con depresión no recibe tratamiento.
La buena noticia es que la depresión se puede prevenir y tratar. Una mejor comprensión de qué es la depresión y cómo puede prevenirse y tratarse contribuirá a aumentar el número de personas que piden ayuda oportuna y conllevará a reducir la estigmatización asociada a la enfermedad y el impacto negativo en la productividad.
Tratar la depresión resulta en una disminución de 40%-60% de ausentismo y/o presentismo. Por cada $1 de inversión en el tratamiento para la depresión y ansiedad se produce una ganancia de $4 en mejor salud y habilidad para trabajar. Igualmente, cuando se aborda la depresión proactivamente, los empleadores reducirán costos y contribuirán a crear un entorno adecuado con trabajadores más saludables.
La depresión se caracteriza por tristeza persistente y por pérdida de interés en las actividades con las que normalmente se disfruta, así como por incapacidad para llevar a cabo las actividades cotidianas, durante, al menos, dos semanas. También, son síntomas la pérdida de energía, cambios en el apetito, necesidad de dormir más de lo normal, ansiedad, disminución de la concentración, indecisión, inquietud, sentimiento de inutilidad, culpabilidad o desesperanza y pensamientos de autolesión o suicidio.
Un ambiente de trabajo sano es importante para la salud mental. Los ambientes de trabajo deben caracterizarse por ser amigables y fomentar condiciones para la buena salud; porque valoran la diversidad, tienen programas que promueven el bienestar, proveen capacitación en temas de salud mental, mantienen la confidencialidad y apoyan a los empleados que buscan tratamiento o lo requieren.
Modifiquemos los factores de riesgo del estrés en el trabajo y desarrollemos un clima organizacional que promueva el bienestar, la resiliencia y el autocuidado.
El autor es representante de la OPS/OMS en Panamá