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PREVENCIÓN

Sin salud mental no hay salud

Sin salud mental no hay salud
Sin salud mental no hay salud

En siglos pasados éramos más propensos a morir temprano por enfermedades infecciosas, lidiar con crímenes sin sentido, y soportar desigualdades sociales. Lo cierto es que, aunque hayan mejorado las condiciones de salud y sociales, siguen existiendo injusticias y barbaridades en el siglo XXI, como el aumento global del populismo religioso, la violencia contra las mujeres y niños, la xenofobia y homofobia, y la corrupción rampante (solo para mencionar algunos desastres), que nos han llevado a sentirnos más desesperados que nunca. Aún en la ausencia de enfermedad física, en la vida diaria sobran las preocupaciones personales, profesionales y económicas. Estas situaciones agobiantes pueden desencadenar una cascada de hormonas relacionadas al estrés que producen cambios fisiológicos bien orquestados. La respuesta al estrés evolucionó para ayudarnos a reaccionar de forma rápida y efectiva a situaciones de alta presión, pero si ocurre repetida y sostenidamente tiene un efecto nocivo en la salud física, pero sobre todo en la salud mental.

La Organización Mundial de la Salud define la salud mental como un “estado de bienestar en el que cada individuo realiza su propio potencial, puede hacer frente a los factores normales de estrés de la vida, puede trabajar productiva y fructíferamente, y puede hacer una contribución a la comunidad”. Este estado se ve interrumpido en uno de cada tres individuos (o más) durante su vida. Estimaciones de la carga mundial de enfermedades mentales las ubican en primer lugar en términos de años vividos con discapacidad (AVD). Mucha de esta enorme carga se debe a que la gran mayoría de los casos no son atendidos.

¿Pero cómo saber si estamos experimentando un problema de salud mental que requiere de atención especial? Si se producen varias de las siguientes situaciones al mismo tiempo –funcionamiento diario disminuido, problemas de concentración, apatía, sentimientos de aislamiento social, miedo o desconfianza de los demás o nerviosismo, pensamiento ilógico, cambios en sueño o apetito– puede ser útil consultar con un profesional de la salud mental, especialmente si los síntomas están causando problemas en la capacidad de estudiar, trabajar o relacionarse con otros. Las personas con pensamientos o intenciones suicidas, o pensamientos de lastimar a otros necesitan atención inmediata.

Una de las principales razones por la que no tendemos a acudir a servicios de salud es por los muchos mitos y prejuicios que existen sobre la salud mental. Un mito común es que las enfermedades mentales son problemas de “otros”, a pesar de que afectan a personas de todas las edades y estratos sociales. También existe el prejuicio de que las personas con trastornos mentales son peligrosas y violentas, a pesar de que la gran mayoría no son más propensas a ser violentas que los demás. Todos conocemos a alguien con un problema de salud mental y ni siquiera nos damos cuenta, porque la gran mayoría son miembros activos y productivos de nuestras comunidades. Usamos la palabra ‘loco’ sin pensar en lo que implica, y las redes sociales están repletas de información falsa y alarmante sobre la salud mental. Asumimos que los que padecen de enfermedad mental tienen debilidades particulares, pero los problemas de salud mental no tienen nada que ver con ser débil. Estos abarcan una variedad de trastornos, con múltiples factores causales, incluyendo enfermedades físicas, factores genéticos, lesiones, química cerebral, o experiencias de vida como pobreza, trauma o antecedentes de abuso. Falta mucho por comprender respecto a las enfermedades mentales, por eso es necesario invertir en la investigación en salud mental.

Existe mucha evidencia de que sí se pueden tomar medidas para prevenir ciertos trastornos mentales en la adultez abordando factores de riesgo conocidos. Promover el bienestar socioemocional de los jóvenes produce un mejor rendimiento académico y reduce las tasas de criminalidad. En adultos mayores, tratar los trastornos de ánimo reduce el riesgo de deterioro cognitivo y demencias. A todas las edades, una buena salud mental promueve la productividad, fortalece las relaciones personales y mejora la calidad de vida y la salud en general.

En la mayoría de los centros de salud, Minsa-Capsi y policlínicas hay un profesional de salud mental.  Además, se están formando especialistas en psiquiatría, psicología y enfermería para incrementar el número de profesionales de salud mental per cápita. 

En la mayoría de los casos las personas con problemas de salud mental pueden mejorar si reciben la atención necesaria. Así como consultamos con un dentista cuando sufrimos un dolor de muela, una visita a un profesional de salud es necesaria cuando nos sentimos ansiosos o deprimidos. No dejemos que el estigma y la discriminación contra la enfermedad mental nos impidan trabajar por un país más saludable.

La autora es investigadora del Centro de Neurociencias del Indicasat y miembro del movimiento Ciencia en Panamá


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