San Miguelito: entre la orfandad y la felicidad

San Miguelito: entre la orfandad y la felicidad
Ilustración hecha con Chat Gpt

Tuve el placer de participar en las actividades que realizó la Biblioteca Pública “Omar Torrijos Herrera“ de San Miguelito con motivo de su aniversario número 40. La Biblioteca fue creada el 25 de julio de 1986. El programa cultural contó con testimonios y recuerdos de parte de algunos vecinos de la comunidad y un enorme pastel de cumpleaños.

El jueves pasado el distrito de San Miguelito cumplió 56 años. Fue fundado en 1970. Lo que significa que la biblioteca es una de las instituciones más antiguas del distrito y, sin embargo, una de las más olvidadas, que recibe la caridad de algunos políticos y las ofrendas de amigos. Mucha gente no comprende el valor social que tienen las bibliotecas, porque desconocen sus servicios, pero, sobre todo, ignoran su sentido y por eso se limitan a pensar que su función consiste solo en préstamo de libros.

San Miguelito es el espejo de la orfandad cultural. Hay más cantinas y bodegas de licor que libros o guitarras. La atención de las cosas del arte y la educación es miserable. La prueba es que en 56 años de distrito, solo hay una biblioteca en la región más poblada de la capital con indicadores de delincuencia que crecen por día. Las autoridades locales cacarean que los jóvenes son el futuro o que los niños son primero, pero si esto fuera verdad en cada uno de los nueve corregimientos habría al menos un centro cultural.

Voy a dejar la pasión y defenderé con razones las bibliotecas. Hay una investigación de Julio Alonso Arévalo, un referente internacional en temas de bibliotecas, donde el experto español explora por qué las bibliotecas y los bibliotecarios son más necesarios que nunca en el siglo XXI y destruye la idea de que las bibliotecas solo son espacios para almacenar y prestar libros.

El investigador explica la noción de “tercer espacio” popularizada por Ray Oldenburg para referirse a lugares de encuentro social que son neutrales fuera del hogar (primer espacio) y del trabajo (segundo espacio). La biblioteca es un lugar donde no existen jerarquías y todos son bienvenidos; donde conviven diferentes generaciones, culturas y grupos que promueven la igualdad; donde se fomenta la conversación, la colaboración y la construcción de lazos comunitarios de manera informal; un lugar donde las personas se sienten cómodas, relajadas y seguras.

En tiempos de crisis, las bibliotecas actúan como refugios seguros, espacios para la incubación de proyectos y puntos de apoyo para colectivos vulnerables desde identidades juveniles en riesgo, personas con discapacidad, hasta adultos mayores. Es por eso que las bibliotecarias se convierten en agentes culturales que desempeñan un papel crucial fomentando el pensamiento crítico desde la lectura, la escritura y la oralidad; curan contenidos, organizan encuentros de diálogo.

En resumen, la biblioteca y las bibliotecarias son equipamientos culturales y mediadores que trabajan con un sistema igualador de integración comunitaria.

Uno de los principales problemas que no permiten ver el valor de las bibliotecas, según Arévalo, es la poca visibilidad que tienen.

Por eso las bibliotecas deben mantenerse relevantes en el nuevo contexto del siglo XXI. Es necesario demostrar el valor social que tienen las bibliotecas; “para ello deben ser ágiles, creativas, centrarse en el usuario y sus necesidades, y sobre todo implicarse en el aprendizaje”.

Por eso necesitan modernizarse para que sean espacios que fomenten la igualdad en términos de derechos culturales en un mundo donde la información digital va de la mano de la lectura, la escritura y la oralidad. Entre los autores que cita Arévalo en su investigación está Eric Klineberg quien afirma: “Las infraestructuras sociales pueden ayudar a combatir la desigualdad, la polarización y el declive de la vida cívica”. Las bibliotecas son infraestructuras sociales donde se hacen conexiones cívicas desde múltiples servicios.

Otro autor que menciona Arévalos es David R. Lankes quien dice: “Mi punto de vista es que si consideras la biblioteca como un montón de libros almacenados en un edificio (o peor aún, que tu bibliotecario piensa así) necesitas ampliar muchísimo tus expectativas.

Hoy en día las grandes bibliotecas están pasando de ser edificios silenciosos con una o dos salas ruidosas a edificios ruidosos con una sala tranquila. Y están pasando de estar bajo el dominio de los bibliotecarios a estar bajo el dominio de las comunidades".

Esto quiere decir que las bibliotecas son equipamientos culturales de los usuarios, no para los usuarios. Son de la gente y de toda la gente. Son el espacio de construcción ciudadana y democracia más efectivo. Creo que por esa razón las bibliotecas son también una responsabilidad de todos. Todos debemos cuidarlas, porque son el último refugio del pensamiento y la convivencia.

Quiero cerrar con un testimonio de una usuaria de la biblioteca de San Miguelito, Carmen Arrué, Carmencita le llaman con cariño las bibliotecarias. Ella nos confesó que es una persona con un problema de salud mental. Se me hizo un nudo en la garganta cuando dijo que la biblioteca había cambiado su vida y mejorado su salud. Su rostro brillante, sus palabras y las manos elevadas como una plegaria, solo dejaron ver que una biblioteca es un lugar de felicidad.


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