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Se acabó el juego

Hace un tiempo circuló una caricatura en redes sociales, donde se veía a algunos políticos jugando un juego de mesa sobre un tablero que estaba sostenido sobre las espaldas del mal llamado “pueblo” y el texto que acompañaba la imagen, rezaba: “El día en que nos levantemos, se acaba el juego”.

Esta frase toma importancia en un momento donde varios dicen que se está “jugando” el futuro de nuestro país. Y cuando hablamos de jugar, no significa lo que muchos piensan de la política, en el sentido de que todo tiene un precio, todo se apuesta y todo se compra.

En varias ocasiones en reuniones de distintas categorías he compartido mi experiencia cuando pequeño y acompañaba a mi padre a hacer alguna diligencia, el sintonizaba en la radio del auto, a los diputados de la asamblea nacional, discutiendo sobre algún tema en especial. Quizás era muy pequeño para comprender todo lo que se decía, pero lo que siempre me llamó la atención, era la forma de hablar de esos diputados.

Se expresaban de tal manera que hubieran recibido la máxima calificación por parte de la profesora Carmen de Paz, quien fue una celosa guardiana de nuestro lenguaje, durante sus años de enseñanza en el Instituto Pedagógico de Las Cumbres.

De verdad es que daba gusto escuchar a un Alfredo Ramírez, un Jorge Illueca, un Jorge Rubén Rosas, un Carlos Iván Zúñiga, Un Arnulfo Escalona y tantos otros que engalanaban el hemiciclo con un verbo y una poesía dignos de un libro de poemas. Para nada se puede comparar con los “hubieron”, “cónyugues”, los “en base a”, “trajieron y más” recientemente los “mantenemos” y los “anuentes” tan fuera de lugar como zorrillo en fiesta de mapaches.

Hace mucho tiempo escuché una frase que decía que los dirigentes de un país son el vivo reflejo de la comunidad que los elige. Podría estar de acuerdo parcialmente con este frase, más difiero y siempre estaré de desacuerdo con las generalizaciones, pues no es cierto que todos estamos de acuerdo con las vulgaridades, inventos o la mala utilización de palabras cuya práctica hemos notado que inician los miembros de los entes policivos, son imitados por los periodistas y terminan generalizando lo que en mi época nos referíamos a “la canalla”.

Los diputados han perdido de vista que, si bien es cierto ellos son electos por un circuito electoral, los cuales no veo la hora en que desaparezcan, en la realidad son “Diputados de la Nación”. Por qué les cuesta tanto entender que deben legislar para todos; no fueron electos para “resolverle” problemas a su circuito, lo cual debería ser atendido por las juntas comunales o representantes de corregimiento.

¿Cuándo entenderán los diputados que su deber no es convertirse en agencias de empleo para quienes los llevan a sus curules? ¿Saben cuándo? El día que elijamos, a hombres y mujeres de bien. Educados y que pongan los valores cívicos, éticos y morales por delante de ellos. Que sean buenos padres de familia, que no busquen notoriedad ni enriquecerse y mucho menos que aspiren a un cargo para “cobrar una vieja deuda”. Que no hayan recibido dinero del crimen organizado y, que el día que sea necesario, promuevan y hagan cumplir las leyes que impulsen la inversión y el desarrollo en nuestro país.

No son unas hojas de zinc, el cemento, bolsas de comida, ni la promesa de un empleo lo que debe incidir en la selección de los panameños para ver a quien confiamos nuestro futuro por 5 años. Esas “donaciones” se acaban, a los ineficientes nos lo tenemos que aguantar por 5 años.

Debemos exigir que nos construyan escuelas dignas, donde se aprenda como hacer un presupuesto, como rendir cuentas y ser transparentes, como ser honestos, responsables y puntuales en nuestro desempeño como trabajadores y qué se necesita y cómo hacemos para convertirnos en dueños de nuestro propio lugar de trabajo.

¿Dónde quedó la honorabilidad? Me niego a pensar que “la mayoría” prefiere una coima, o una “ayudita” a que se le permita trabajar dignamente y llevar el alimento a su familia. Me niego a aceptar que a la mayoría le parece que no importa si nuestros dirigentes con corruptos, si nos permiten recibir las migajas que caen de las mesas de estos nuevos ricos.

Me niego a reconocer que tenemos una juventud que no piensa mas allá de lo que lee en el famoso aparatito que llevan hasta al baño en sus manos. Yo conozco a muchos jóvenes que están seguros de sí mismos, que no se dejan influenciar por las malas costumbres clientelistas que practican los políticos más “maduros” y que ellos aseguran es la mejor manera de “conseguir” los votos.

Hoy exhorto a todos los jóvenes de mi país a tomarse las calles, a elevar su voz en contra no solo por los corruptos, sino por el hombre y la mujer que se levantan a las 4:00 a.m. para ir a trabajar y no regresan sino cuando sus hijos ya están casi dormidos. Hoy apelo a la cordura y a la conciencia de todos y cada uno de mis compatriotas, que no perdamos esta oportunidad para elegir personas que nos acompañen para trabajar por el engrandecimiento del mejor país del mundo.

El autor es analista político y dirigente cívico



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