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Inversión extranjera

Se te salió el cobre

Se te salió el cobre
Planta de Energía y el Puerto Internacional de Punta Rincón. Minería a cielo abierto; mineria; mina. Minera Panamá, Cobre Panamá, First Quantum Minerals. Donoso, Colón. 27 de junio de 2023. Foto: Alexander Arosemena

Mientras el mundo se apresta a enfrentar una crisis de suministro de cobre sin precedentes, Panamá observa detrás de la barrera, habiendo cerrado voluntariamente una de las minas de cobre más importantes del hemisferio occidental. La decisión de cerrar la operación de First Quantum en Cobre Panamá en 2023 no fue simplemente un error económico: fue un acto de autosabotaje nacional en vísperas de la mayor bonanza en la historia moderna del cobre.

Los datos son contundentes. La Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés) proyecta que la demanda mundial de cobre crecerá explosivamente durante las próximas dos décadas. La electrificación global, impulsada por vehículos eléctricos, energía renovable, centros de datos e inteligencia artificial, requerirá entre seis y siete millones de toneladas adicionales de cobre anualmente para 2030. Esta demanda simplemente no existe en ningún plan minero actual. Goldman Sachs, BHP, Wood Mackenzie y otras firmas analíticas coinciden: nos dirigimos hacia una escasez estructural en el suministro del cobre. Los precios, inevitablemente, se multiplicarán.

Aquí radica la tragedia panameña. Mientras Chile invierte $83,000 millones para apenas incrementar su producción de 5.3 a 5.5 millones de toneladas para 2033; mientras proyectos como QB2, en Chile, enfrentan sobrecostos que duplican presupuestos iniciales; mientras las grandes mineras globales dudan en comprometer capital a nuevas operaciones, Panamá cerró una mina que ya estaba construida, operando y generando producción.

El timing no podría ser más desastroso. La industria del cobre enfrenta una realidad implacable: desarrollar una nueva mina desde el descubrimiento hasta la producción toma, en promedio, 18 años. Los depósitos fáciles ya fueron explotados. Los nuevos yacimientos son de menor capacidad, más profundos y más complejos. Europa está prácticamente cerrada a la minería. Estados Unidos carece de la capacidad de fundición. Incluso expandir minas existentes es extraordinariamente difícil y costoso. BHP estima que invertir $5,000 millones en Escondida, la mina de cobre más grande del mundo, apenas mantendrá la producción actual.

Frente a esta realidad global, la decisión panameña de cerrar Cobre Panamá parece aún más inexplicable. No estamos hablando de un proyecto teórico o de una promesa de inversión futura. Hablamos de una operación que representaba inversión extranjera directa por más de $10,000 millones, la mayor en la historia panameña. Hablamos de miles de empleos directos y decenas de miles indirectos, de desarrollo de capacidades locales y de encadenamientos productivos que beneficiaban a proveedores panameños en todo el país.

El argumento ambiental, aunque políticamente efectivo, ignora que toda actividad económica moderna depende del cobre. Cada computadora, cada vehículo eléctrico, cada turbina eólica, cada panel solar, cada centro de datos requiere cobre. La electrificación que todos proclamamos desear es imposible sin este metal. Cerrar nuestra propia producción no reduce la demanda global: simplemente traslada la explotación a jurisdicciones con estándares ambientales frecuentemente inferiores a los de First Quantum en Panamá.

Desde una perspectiva de economía política, el cierre de Cobre Panamá representa el triunfo del populismo sobre la racionalidad económica. Friedrich Hayek nos advirtió sobre los peligros del constructivismo social: la creencia de que sociedades complejas pueden ser diseñadas según ideales abstractos, ignorando el conocimiento disperso que solo emerge a través de procesos de mercado. El contrato de concesión, negociado durante años entre múltiples administraciones, representaba precisamente ese conocimiento acumulado sobre condiciones técnicas, económicas y ambientales. Desecharlo debido a la presión callejera fue rechazar la institucionalidad misma.

Más grave aún: el precedente establece que ninguna inversión de largo plazo es segura en Panamá. Si un contrato respaldado por múltiples gobiernos, revisado por la Corte Suprema y operando exitosamente puede ser cancelado unilateralmente, ¿qué inversionista serio considerará proyectos multimillonarios aquí? La inseguridad jurídica tiene costos invisibles, pero devastadores.

Mientras el precio del cobre se prepara para duplicarse o triplicarse en los próximos años, Panamá habrá dejado escapar una oportunidad histórica. No por falta de recursos minerales, sino por falta de visión económica y coraje político.

El autor es director de la Fundación Libertad.


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