Recientemente, la agencia calificadora Fitch colocó al crédito soberano de Panamá en perspectiva negativa. Esto debe ser causa, no de alarma, pero sí de debida precaución. Es de absoluta importancia mantener el grado de inversión de la República, y esto ha de ser ni más ni menos que un objetivo estratégico de la nación.
Los puntos de Fitch son severos mas no arbitrarios. Existen presiones fiscales materiales sobre el crédito que no pueden ser deleznadas y las perspectivas de mejoras en el manejo del gasto públicas son, en el mejor de los casos, inciertas. Son múltiples temas los que azoran al soberano. Entre ellos, el tema de fondo de la Caja del Seguro Social, las incertidumbres en la renegociación del Contrato Minero y las complejidades de la problemática hídrica del Canal.
Es bajo este cúmulo de presiones que Panamá debe afirmar su disciplina fiscal la cual, históricamente, ha estado bastante por encima de sus pares de la región, cosa que debe ser motivo de orgullo y un precedente que nos debe abrir las puertas y afianzar en el camino de la mejora constante en el manejo de las finanzas públicas.
En el contexto del istmo mantener nuestro acceso en condiciones privilegiadas a los mercados de deuda globales es una herramienta particularmente importante en un país con una economía relativamente abierta y que, más allá de los usos naturales en el contexto del gasto público, le da al estado la posibilidad de desplegar políticas contracíclicas en ausencia de un banco central. Son todas estas consideraciones que deben tenerse muy presentes cuando hablamos de los privilegios tanto materiales como de prestigio nacional que nos concede el Grado de Inversión soberano.
La perspectiva negativa de Fitch no nos pone bajo el riesgo inminente de una baja de calificación por parte de la calificadora, pero sí es una clara advertencia que debe tenerse muy en cuenta y que, de no tomarse con la debida circunspección, si puede tener efectos materiales en los próximos meses.
Hay que ver también la reacción de Moody’s y Standard & Poor’s en el corto plazo, de haberlas, para tener una visión integral de la perspectiva de nuestro crédito soberano. En el entretanto, no queda más que seguir trabajando con la seriedad usual en nuestro perfil fiscal, independientemente del ciclo electoral en el que estamos entrando. El Grado de Inversión nos atañe a todos y es un bien nacional que debemos proteger todos.
El autor es financista.
