Las protestas de finales de 2023, resultantes en cierres de esenciales calles y vías de comunicación en nuestro país, reiteran la situación que desde el sector logístico hemos venido insistiendo desde hace muchos años, la fragilidad de nuestra infraestructura logística doméstica.
Nuestro sector logístico sigue enfocado en función del segmento principal al cual sirve, que es el transporte internacional de mercancías a través de Panamá. Nuestra infraestructura logística nacional no ha sido desarrollada para servir a la industria y el comercio local, que es un motor del desarrollo nacional y que genera beneficios económicos de forma transversal a muchos niveles, evidenciado por el hecho de que nuestro único corredor longitudinal, la carretera Panamericana, esté permanentemente congestionado en puntos críticos.
El Consejo Empresarial Logístico, La Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa e importantes gremios de la región occidental como la Cámara de Comercio de Chiriquí (Camchi) y el Centro de Competitividad de la Región Occidental (Cecom-Ro) han venido promoviendo el desarrollo de nuestra infraestructura logística doméstica como mecanismo para el desarrollo del interior de nuestro país, con los consecuentes beneficios que esto conlleva, de forma tal que se incentive la producción nacional, se generen polos de desarrollo fuera del eje canalero, se potencie el turismo, todo lo cual resulta en la generación de empleos y prosperidad distanciados de la capital, expandiendo nuestra oferta logística a todo el país.
Las protestas que ilegalmente interrumpieron el tránsito, y posibles interrupciones debido a impacto de fenómenos naturales por el cambio climático, nos llevan a insistir en la necesidad de blindar nuestro sistema logístico de forma tal que podamos garantizar un nivel mínimo aceptable de operatividad, garantizando seguridad y resiliencia frente a distintas circunstancias que lo puedan afectar.
Sólo basta apreciar que en el evento de un bloqueo de la vía Panamericana, queda totalmente interrumpido el suministro de alimentos a los grandes centros urbanos de la región canalera, y por otra parte enfrentamos escasez de combustible, gas y otros productos de consumo básico en los centros urbanos del interior del país.
Nuestro sistema logístico representa un activo muy valioso para el país, siendo estratégico para mantener el bienestar social y como hemos mencionado, presenta un gran potencial de desarrollo para el interior.
Por estas dos razones es imperativo protegerlo al designar vías claves de comunicación como “corredores logísticos” que reciban prioridad en cuanto a diseño, mantenimiento vial, seguridad y que al igual que otra infraestructura clave, como portuaria e instituciones como la Autoridad Nacional de Aduanas, gocen de un régimen legal o blindaje que garantice su operación continua e ininterrumpida, similar a lo dispuesto por la Constitución en sus artículos 315 y 322 con respecto al servicio ininterrumpido que brinda el Canal de Panamá.
En adición, urge el desarrollo de la gran cantidad de planes y proyectos que existen para el desarrollo y construcción de infraestructura multimodal que garantice la conectividad doméstica, mediante la redundancia vial, construyendo una alterna a la vía Panamericana, al menos en segmentos iniciales a través de Panamá Oeste y otros, la construcción de terminales portuarios multipropósito en puntos claves del país, que sean empleados comercialmente y puedan ser empleados en casos de calamidades o cierres como los que actualmente vivimos, y por último, mejorando la infraestructura aeroportuaria cerca de los centros de producción para el manejo de carga, adecuando el aeropuerto de David para un mejor manejo de carga refrigerada.
De esta forma podemos garantizar no sólo el libre tránsito, sino la conectividad y funcionamiento de la cadena de abastecimiento como un asunto de seguridad nacional.
Resulta evidente que el orden social sólo puede mantenerse mientras exista un suministro continuo y estable de alimentos y productos de primera necesidad.
Es imperativo que nuestro país cuente con una vía longitudinal alterna a la Panamericana, al menos en varios tramos, y en ciertos polos urbanos de gran congestión o lugares de estrangulamiento (choke points) de la red vial se habiliten calles alternas, en cuanto a ancho y especificaciones, como “corredores contingentes” disponibles en casos de disrupciones eventuales.
Por último, como país tenemos la labor impostergable de trabajar en la educación y concienciación de nuestra población a fin de desarrollar una “cultura de país logístico” que nos permita tener siempre presente el valor que nos representa el sector logístico, directa e indirectamente para el país, de forma tal que nuestras acciones y protestas no afecten el mismo, pues al hacerlo, nos causamos un perjuicio.
Estimaciones realizadas por la Comisión de Libre Empresa, Emprendimiento y Comercio Exterior de Apede, presidida por el economista Dr. Eric Molino, arrojan cifras impactantes.
Luego de seis semanas de protestas, cierres de calles y avenidas, y afectación de nuestro sistema logístico, principalmente en el segmento de conectividad doméstica y terrestre con Centroamérica, el efecto negativo en el PIB afectó adversamente las perspectivas de crecimiento del país proyectado para 2023, por debajo de los niveles pre-pandemia de 2019.
Esto significa que la reactivación económica completa que todos anhelamos no se ha podido desarrollar, lo cual se refleja en los niveles de desempleo y empleo informal que aqueja a la población.
Debemos enfocarnos en desarrollo y crecimiento, tanto a nivel individual, mano de obra calificada, como estructural e institucionalmente, y trasladar los beneficios de dicho crecimiento a la población, sólo eso garantizará que nuestro sistema logístico sea verdaderamente resiliente.
El autor es abogado especialista en Derecho Marítimo y Logística y expresidente del Consejo Empresarial Logístico (COEL)
