Volviendo a la poesía de Álvaro Mutis, reparé otra vez en Programa para una poesía, del año 1952. En una de las secciones de ese “programa”, Los viajes, encontré subrayado por mi yo de los últimos años noventa este verso: “Buscar e inventar de nuevo. Aún queda tiempo. Bien poco, es cierto, pero es menester aprovecharlo”.
Tenemos que seguir trabajando en crear más allá del estado actual de las cosas, sin perderlas de vista, asumiéndolas para la justa o injusta puesta en blanco y negro de lo vivido. Quien escribe no es hijo de su tiempo, es, sobre todo, el amo de su mirada, entendida esta como la búsqueda intencional de su materia de trabajo y el destino de su propuesta.
El tiempo, ese aliado traidor, tiene que ser aprovechado, sobre todo, leyendo. “Primero leemos, después escribimos” (así se titula un librito sobre el proceso creativo según Emerson), es la primera gran certeza sobre la cual apoyarnos para seguir escribiendo, para seguir creando. “No hay lectores relectores”, me decía los otros días un viejo amigo y no le falta razón, ni al informe PISA que nos advierte que la comprensión lectora es asignatura pendiente tanto en España como en Panamá. Yo creo que la asignatura pendiente es “lectura”, a secas.
“Aún queda tiempo. Bien poco, es cierto, pero es menester aprovecharlo”, hay que hacerle caso al colombiano, y darnos por completo a seguir creando a pesar o contra todo, sin importarnos cuánto tiempo quede (la cantidad es solo eso), el énfasis está en lo que es “menester” que hagamos: aprovecharlo hasta el último aliento.
El poema termina con un “Nada ocurre”. Entonces, ¿vale la pena crear? Quizás no ocurra nada en otros, pero en nosotros algo se ha movido, algo que moverá, si está bien escrito, a otros. Lo que pase en el lector ya no será cosa nuestra, nosotros habremos puesto en marcha un mecanismo de silencios que desafiará al olvido que seremos.
El autor es escritor
