Dos acontecimientos impactaron los mercados en la pasada semana: la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos y la reducción de las tasas de interés de referencia de la FED (Sistema de la Reserva Federal).
Estos acontecimientos impulsaron el buen desempeño de las cotizaciones de las acciones, llevando a que los índices accionarios alcanzaran niveles récord, de hecho, el S&P 500 superó por primera vez en la historia los 6,000 puntos.
La reacción positiva tras el triunfo de Trump se atribuye a la claridad de las señales de hacia dónde se dirige la política económica: desregulación y menos impuestos, apoyada por un Senado que ha pasado a control de los republicanos.
El segundo acontecimiento, la reducción de 25 puntos básicos a las tasas de interés de referencia de la FED, que, aunque ya anticipado por el mercado, este recorte mandó dos mensajes: la flexibilización de la política monetaria bajaría el costo del dinero, ayudando a mejorar la valorización de las empresas y que el escenario de recesión ha disminuido su probabilidad de ocurrencia.
En contraste, el panorama del mercado de deuda es distinto, pues desde antes de las elecciones, se anticipaba que las posibles políticas de Trump, tales como aumento de aranceles, deportación de mano de obra ilegal, reducción de impuestos, entre otras, podrían generar presiones inflacionarias; por ende, habría necesidad de mantener las tasas de interés altas a largo plazo. Una vez conocidos los resultados electorales, los precios de los bonos continuaron cayendo; de hecho, el precio de los bonos a 10 años se cotizó a sus niveles más bajos en cuatro meses.
Sin embargo, al finalizar la semana, los precios se recuperaron una vez asimilada la hipótesis de que probablemente se exageró el impacto inflacionista de las posibles políticas de Trump.
Aunque la cautela continúa prevaleciendo entre los operadores de deuda, ya que el incremento de oferta monetaria tras el covid-19 no ha sido absorbido por la economía y, por consiguiente, niveles de tasas muy bajas no parecen viables.
En los mercados emergentes, el triunfo de Trump y el recorte de tasas también generaron cautela, toda vez que el temor a las medidas proteccionistas hizo que las cotizaciones de las monedas emergentes que exportan a Estados Unidos cayeran. En cuanto a activos de riesgo como bonos y acciones de mercados emergentes, la cautela puede prevalecer en el 2025, si se mantiene un escenario de dólar norteamericano fuerte y tasas de interés en Estados Unidos que no caen a las velocidades esperadas, debido a los riesgos inflacionarios latentes, no solo por las políticas de Trump, sino también por el hecho de que los niveles de oferta monetaria creados tras el covid-19 no han sido absorbidos por la economía.
Por el momento, aunque es muy pronto para tener una lectura sobre los impactos en el mercado del triunfo de Trump, el escenario más probable es el de continuidad de la expansión, basado en un contexto macroeconómico positivo y el aumento de la confianza tanto de consumidores como de las empresas.
El autor es financista