“El descontento es el primer paso para detener el progreso de una nación"... Óscar Wilde. El fantasma de la ausencia a las urnas sigue flotando en la atmósfera política de nuestro país y puede interpretarse como un mensaje que a través de pasadas elecciones han dejado un gran porcentaje de ciudadanos frustrados de observar figuras políticas que implorando votos caminan prometiendo lo que jamás cumplirán.
Este fenómeno político es el acto por el cual un potencial de votantes en unas elecciones decide no ejercer su derecho al voto y esa actitud se interpreta como un acto de protesta y de la poca confianza en la calidad de los candidatos a puestos de elección.
Según un abogado amigo, el padrón electoral refleja la cantidad de ciudadanos habilitados para ejercer el voto, pero al contabilizarse los resultados, se observa con precisión marcada el increíble número de abstencionismo que se quedó en casa viendo por televisión el espectáculo circense.
Hay que aceptar que esta fuerza silente ensombrece el resultado del proceso electoral, pero se puede explicar en la poca credibilidad de una buena cantidad de ciudadanos que muestran su descontento con los partidos políticos y candidatos con promesas de un mañana mejor.
Los medios informativos emiten valiosas opiniones cuando se conoce el alto porcentaje de abstencionismo. Este indicador refleja la enorme decepción que se tiene en el sistema político.
¿Qué decir de la participación de la juventud en las elecciones generales? Un gran porcentaje de jóvenes entre los 18 y 30 años no están dispuestos a formar largas y aburridas filas para dar el voto a personajes políticos que no tienen verdaderas intenciones de resolver sus problemas.
Dentro de las prioridades del Tribunal Electoral, se promoverán campañas para estimular la participación de la juventud en los comicios electorales de 2019.
Ignoro cuál es la estrategia para motivar la masiva participación de nuestra juventud en las próximas elecciones, pero espero que se logre evitar que la juventud no se sume a la fuerza silente del abstencionismo.
Al final del camino, los políticos buenos, malos o feos lograrán gobernar y hayamos votado o no, tendremos que aguantarnos el clavo.
El autor es periodista