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Si la guerra se extiende el mundo pagará el precio

Si la guerra se extiende el mundo pagará el precio
Los precios de los combustibles siguen subiendo. EFE

El sábado 28 de febrero de 2026 —ya madrugada del domingo en Irán— Estados Unidos ejecutó un ataque dirigido contra instalaciones estratégicas que afectaron directamente a la cúpula militar iraní. Desde entonces han transcurrido pocos días, un período todavía breve para medir todas las consecuencias, pero suficiente para anticipar el riesgo de una escalada regional con efectos globales.

La historia reciente demuestra que cuando un conflicto en Medio Oriente involucra a potencias regionales y a Estados Unidos, el impacto no se limita al campo militar. El primer indicador inmediato suele ser el precio del petróleo, una variable que refleja el nerviosismo de los mercados internacionales.

Irán es uno de los actores clave en el sistema energético global. Aunque las sanciones han limitado su producción, el país sigue teniendo capacidad de influir en el mercado, especialmente por su posición estratégica en el estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del petróleo que se comercializa en el mundo. Cualquier amenaza de cierre o interrupción en esa ruta provoca reacciones inmediatas.

Si el conflicto se mantiene contenido y dura apenas algunas semanas, los analistas energéticos estiman que el precio del barril podría oscilar entre 90 y 110 dólares. Sin embargo, si las hostilidades se extienden más de un mes, el escenario cambia de manera significativa. Una guerra prolongada que involucre ataques a infraestructuras petroleras o interrupciones en el transporte marítimo podría empujar el barril hacia 130 o incluso 150 dólares.

La historia ofrece referencias claras. Durante la Guerra del Golfo de 1990, el precio del petróleo se duplicó en cuestión de meses. En 2003, durante la invasión a Irak, el mercado energético vivió uno de los períodos de mayor volatilidad de la década. Más recientemente, la invasión rusa a Ucrania en 2022 provocó que el petróleo superara los 120 dólares por barril, generando una ola inflacionaria que todavía hoy afecta a muchas economías.

Una escalada en Medio Oriente tendría consecuencias similares, pero posiblemente más amplias. El petróleo caro eleva los costos de transporte, encarece la producción industrial y termina trasladándose al precio de los alimentos, la energía y los bienes de consumo. En pocas palabras, la inflación global vuelve a acelerarse.

La duración del conflicto será determinante también para la recuperación económica. Si las tensiones se resuelven en menos de dos meses, el mercado energético podría estabilizarse relativamente rápido y la economía mundial tardaría entre seis y nueve meses en absorber el impacto. Pero si la guerra se prolonga durante varios meses, el proceso de recuperación podría extenderse entre dos y tres años, especialmente en economías dependientes del combustible importado.

Panamá, pese a su distancia geográfica del conflicto, no está aislado de estas dinámicas globales. El país importa prácticamente todo el combustible que consume, por lo que cualquier aumento en el precio internacional del petróleo se traduce en gasolina más cara, mayores costos de transporte y presión sobre el costo de vida.

Además, Panamá es un centro logístico mundial. El aumento del precio del combustible impacta directamente en el transporte marítimo y en las cadenas de suministro que atraviesan el Canal. Cuando el comercio global se desacelera o los costos logísticos se disparan, el movimiento de mercancías también se reduce, afectando los ingresos asociados al tránsito y a los servicios logísticos.

El conflicto también puede generar efectos indirectos. Si el petróleo sube de forma sostenida, muchas economías entran en ciclos de inflación y desaceleración, lo que reduce el comercio internacional. Para un país cuya economía depende en gran medida de los servicios globales, ese escenario representa un desafío importante.

Por ahora, el mundo observa con cautela los primeros días de esta crisis. Nueve días pueden parecer poco en la cronología de una guerra, pero en los mercados internacionales es tiempo suficiente para activar alarmas.

La verdadera pregunta no es solo si el conflicto se intensificará, sino cuánto tiempo durará. Porque en Medio Oriente las guerras rara vez permanecen locales y, cuando se prolongan, el impacto termina llegando incluso a los países que están a miles de kilómetros del campo de batalla.

El autor es estratega en tecnología, innovación y transformación digital.


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