El simple político difícilmente será un estadista. Quizá llegue a ser un gobernante más que a duras penas logre completar su período con más abucheos que aplausos.
Los estadistas son los grandes políticos hábiles e idealistas que prefieren hacer patria más que hacer dinero y pasar a la historia como gobernantes excepcionales, que supieron trabajar para hacer realidad las esperanzas de los gobernados.
El estadista no es solamente el hombre versado en los menesteres del Estado; también es el hombre versado en las aspiraciones, deseos, necesidades e ilusiones de sus compatriotas. Estadista es aquel que hace realidad el sueño de los que lo eligieron, que no es otro que el del poder vivir en paz, en salud y en prosperidad permanente. El simple político solo promete concretar ese sueño; el estadista lo concreta.
Los simples políticos y los gobernantes abundan. Se puede aprender a ser estadista si el político estudia arduamente y se determina a ser disciplinado, a tener independencia política y a resistir las tentaciones de atracar al erario y los bienes del Estado.
A los estadistas no los compromete sino su deber para con su patria. Al estadista le agrada hacer discursos con sus hechos y hablar poco. Para él, lo importante son los resultados positivos y la felicidad de su pueblo, consciente de que es un mero administrador de la cosa pública y un gobernante de turno.
El estadista evitará asociarse con personas inescrupulosas y solapadas porque sabe que le hacen daño a su imagen y a sus nobles propósitos de trabajar para el país. Le repugnan los simples políticos y los empresarios deshonestos porque sabe que estos lo adversan y se confabulan para conspirar en contra de él, desde obstaculizarle perversamente su gestión de gobierno, hasta el intento de destituirlo.
El estadista está al tanto de todas estas dificultades y las prevé, lamentándose de perder mucho tiempo luchando contra ellas. Al simple político, estas situaciones le satisfacen porque las toma como excusa para justificar su desgobierno y su ineficiencia. Al estadista le hace falta todo el tiempo del mundo para seguir trabajando por el bienestar de todos los compatriotas, tiene una visión amplia de patria y reciedumbre en sus actitudes y procederes. Los gobernantes que no pasan de ser simples políticos, desean que sus mandatos terminen pronto para nunca más tener que volver.
El autor es abogado, docente y exrector de la Universidad Santa María la Antigua
