Por 20 años, el enfoque en el crecimiento económico a como diera lugar generó reducciones en pobreza que se dieron más por el efecto dela onda expansiva que por una programación que llevara a erradicar pobreza.
Ese mismo modelo provocó corrupción como nunca la habíamos visto evitando la puesta en práctica de políticas públicas que en efecto aseguraran que el menos vulnerable no regresara a ser pobre.
Pero optamos por una política de subsidios impagable, insostenible sin el apropiado enfoque en el desarrollo de programas de inserción laboral, pasantías formativas, y olvidamos asegurarnos que todos sin dejar a nadie atrás tuviesen al menos lo básico (primera infancia).
La pandemia de la Covid-19 nos debió despertar pero no fue así. El casi 60% de la población activa está en informalidad y, por ende, vulnerables a vaivenes financieros.
Y ahora el seguro decrecimiento económico que viene de la mano de una recesión que no sabemos con claridad qué tan profunda será, al sumarse las mermadas operaciones del Canal y la crisis de la Caja de Seguro Social creará una situación compleja para la ejecución de políticas públicas que realmente creen bienestar en el mediano y largo plazo.
¿Solución? Una propuesta que revise el código laboral y políticas públicas que vayan eliminando subsidios con un replanteamiento de uso de fondos estatales hacia promoción de empleo-no en el sector público, claro está.

