El Compromiso Nacional por la Educación es una bocanada de aire fresco y de esperanza para la maltrecha educación panameña. Más allá de un acuerdo entre ocho sectores, sienta las bases para una nueva forma de hacer educación. Desvela un secreto que muchas veces no es evidente. Gran parte del atraso en educación tiene su génesis en un sistema administrativo que fue diseñado para atender a 100 mil estudiantes y que hoy tiene la responsabilidad sobre más de 700 mil. El sistema educativo panameño se caracteriza por ser burocrático, complejo, con una gestión administrativa deficiente, una inversión divorciada del objetivo de equiparar oportunidades, especialmente para los más pobres, a través de la educación, con infinidad de normativas que muchas veces ponen de rodillas a las escuelas ante requerimientos administrativos que colocan en segundo plano la labor formativa, la misión del sistema y de las escuelas. Una formación inicial deficiente no permite al educador que inicia su carrera tener las herramientas para afrontar con éxito los retos formativos de sus alumnos. Todo ello incide en la calidad y equidad de las oportunidades de aprendizaje.
El Compromiso Nacional por la Educación, cuyos acuerdos deben ser implementados a la brevedad, tiene principios básicos que condicionan las decisiones de los responsables de la educación. Aquellos tiempos en que las medidas que afectaban a miles de estudiantes eran tomadas con base en percepción y no en data actualizada, debe ser cosa del olvido. Toda decisión debe basarse en evidencia dura e información cuántica y objetiva. Este acuerdo no es menor, pues, según el último informe de resultados del Tercer Estudio Regional Comparativo y Explicativo (Terce), Panamá cuenta con uno de los sistemas de información más débiles de América Latina. Se hace prioritaria la construcción de un sistema de información actualizado, transparente, técnico, con participación multisectorial e interinstitucional, ante las lagunas existentes, en particular en el período 2010-2014.
Las debilidades de la actual administración del Meduca se compensan por su interés en evaluar y conocer las raíces de las deficiencias en los aprendizajes de los niños. La divulgación masiva de los resultados de las pruebas Terce, la alianza estratégica con actores como la Fundación Unidos por la Educación, para evaluar el impacto de los factores asociados o del contexto, en los logros educativos de los niños, el compromiso de participar en el Programa Internacional de Evaluación de los Alumnos (PISA) - OECD, la prueba censal en lectura comprensiva a niños de tercer grado en todo del país, son hitos históricos. Se establece una línea de base que permitirá medir si estrategias implementadas como “Aprende al Máximo” están teniendo los impactos requeridos en los aprendizajes.
Es crucial una segunda prueba censal que sea un referente en cuanto al impacto de las medidas implementadas para superar las dificultades de los niños en la decisiva etapa entre la primera infancia y el tercer grado.
Todas estas herramientas son el termómetro que mide el grado de la fiebre, mas no son las alternativas de estrategias para solucionar nuestras deficiencias educativas.
Es impostergable la pronta incorporación de la sociedad civil a este proceso a través del Consejo Permanente Multisectorial para la Implementación del Compromiso Nacional para la Educación.
Diversos esfuerzos de acuerdos nacionales para promover políticas de Estado en educación no pasaron de las bibliotecas, justo porque no había una instancia de seguimiento y orientación. Panamá merece un sistema educativo de clase mundial, capaz de hacer su papel de nivelador social, no de perpetuador de la inequidad. Cumplamos con los niños panameños implementando lo acordado en el Compromiso Nacional por la Educación.
La autora es abogada y experta en educación