Panamá aún tiene la oportunidad de convertirse en un país próspero. Una visión que estoy seguro en su gran mayoría todos los ciudadanos panameños o extranjeros que vivimos aquí compartimos. Tenemos todo el potencial para hacerlo.
Para poder dirigir al país en una dirección correcta, los ciudadanos debemos entender nuestra posición y cómo se juega el juego. Necesitamos analizar los perfiles de los jugadores y si son o no aptos para lo que buscamos como nación. Algunos de los rasgos que se deben ver en los políticos, son la soberbia y el cinismo.
Los griegos fueron los primeros en utilizar la palabra hybris para describir al héroe que luego de conquistar la gloria, se llena de poder y éxito, y comienza a comportarse como un dios, capaz de cualquier cosa.
El autor David Owen, en su libro En la enfermedad y el poder, describe ciertas patologías que afectan a determinados políticos con alta responsabilidad de gobierno, que se inician con un ego desmedido y terminan en una paranoia acentuada. Este tipo de cuadros psicológicos se dan ya que se adquiere un desmesurado poderío en un instante dado, con una escasa o nula preparación humana (madurez psicológica).
Estos personajes no se hallan sin el poder, ya que según ellos, son los iluminados y los únicos que pueden resolver los problemas. Todo esto se empeora cuando estas mismas personas, comienzan a caer en prácticas corruptas. La corrupción engendra cinismo y soberbia. El mejor ejemplo de esto es cuando nuestros políticos criollos se hacen los ofendidos en el momento que se les cuestiona sobre su trabajo y, por otro lado, arremeten contra cualquier crítico por el simple hecho de hacer una pregunta sencilla como ¿qué hiciste con el dinero que te di?
En fin, estos personajes se encierran en sí mismos, ya que normalmente tienen un séquito de personas que reafirman su vanidad y opiniones como las correctas. ¿Cómo curarlo?
Según David Owen, al momento que se le quita el poder (#NoALaReeleccion) a la persona, esta cae en cuenta que es un simple mortal (o ciudadano) y mira alrededor todo los “cadáveres” que ha dejado atrás en su camino para mantener el poder.
Los ciudadanos nunca podremos curar el hybris, pero sí podemos controlarlo con una constante vigilancia para prevenir el abuso y el poder estando informados de lo que ocurre.
Si no existe esta presión, seremos entonces nosotros los controlados y manipulados por el teatro que puedan causar los personajes que tengan el síndrome.
¡Justo como sucede hoy en día!
El autor es empresario