MAGNICIDIO

Sobre ‘Comentarios a un nuevo libro sobre Remón’

Al escribir sobre el artículo del ciudadano Luis Eduardo Guizado Linares, publicado en La Prensa del 31 de mayo pasado, lo hago porque el mismo, lo único que demuestra, es haber hecho una lectura selectiva y emotiva. Intenta sí, apuntalar hipótesis de más de medio siglo que siguen pecando de no reposar en información basada en evidencias.

Contrariamente a lo que en sus comentarios subraya Guizado Linares, en mi investigación, plasmada en mi libro ¿Quién mató a Remón?, lo novedoso no son tanto las aportaciones de archivos desclasificados foráneos, que tienen su importancia, ni tan siquiera la entrevista obtenida del general Noriega. Lo novedoso lo constituye el aporte de las evidencias procesales consistentes en las declaraciones indagatorias de los principales acusados por el homicidio del presidente Remón, sea en su forma material o intelectual.

Sobre estas, que constituyen gran parte del libro, Guizado Linares no se detiene y las pasa por alto a la torera.

Sólo afirma, sin aportar prueba alguna, que la “instrucción fue manipulada”. Falta que afirme que las múltiples indagatorias y careos de Rubén Miró, Rodolfo Saint Malo, José Ramón Guizado padre e hijo y José Nieves Pérez, que yo cito, constituyen una falsificación. Pero lo tendría que probar. Esas indagatorias no dejan duda de la colusión entre Rodolfo Saint Malo, José Ramón Guizado y Rubén Miró para perpetrar un complot contra Remón.

Otros testigos también lo afirman. Las indagatorias de Teresa Castro, José Tejada y Alfonso Hyams abundan en que Miró tenía a Guizado y Saint Malo como cómplices. Muy reveladoras las del humilde mecánico Hyams, cuando luego del asesinato le pregunta a Miró qué haría si Guizado no lo nombraba ministro y este le responde: “Si no me nombra, lo tumbo” y para que no quedara dudas, lo remacha en inglés: “If he does not make me, I will have to remove him too”. Lo que en efecto sucedió, pues las declaraciones de Miró fueron las únicas que provocaron su destitución y posterior enjuiciamiento por la Asamblea de Diputados.

Notamos que Luis Eduardo Guizado Linares no cita una sola vez a Rubén Miró, cuando las indagatorias de quienes lo acusaron, las pruebas balísticas confirmadas por las necropsias forenses, la adquisición de la ametralladora asesina y sus autoacusaciones, dejan pocas dudas de su participación material.


También pasa por alto las declaraciones de testigos manifestando que fue la familia Guizado quien pagó el reportaje que introdujo a la mafia y a su pretendido ejecutor Irving Martin Lipstein, superchería que en mi libro queda totalmente descalificada.

O que en careo Miró- Guizado del 28 de enero de 1955, el segundo manifestó haberse reunido en 1951 con Miró para escucharle la planeación de un golpe contra el presidente Alcibíades Arosemena, siendo Guizado, igualmente, su sucesor constitucional.

Notamos que en su escrito, el autor no cita una sola vez a Rubén Miró, cuando las indagatorias de quienes lo acusaron, las pruebas balísticas confirmadas por las necropsias forenses, la adquisición de la ametralladora asesina y sus autoacusaciones, dejan pocas dudas de su participación material. Como expresó un abogado en el juicio de 1957: “Miró es la piedra angular del delito que, conjuntamente y con diversos grados de participación, ellos cometieron. Y siendo la piedra angular de la responsabilidad que le cabe a todos y cada uno de ellos, creen que obteniendo la libertad de Miró, obtienen su propia libertad”. Y eso fue lo que ocurrió.

Por ello, ha sido la estrategia de ciertas familias difuminar a Rubén Miró, comenzando por el propio José Ramón Guizado, quien, en sus memorias, intenta desvincularlo de la autoría del crimen, porque ello, procesalmente, le beneficiaba.

Guizado Linares también se agarra de las declaraciones que me formuló el general Noriega sobre una posible participación de Tejada en el asesinato, sin conocer este caballero el talante con que lo dijo. Noriega, quien ingresó al instituto armado en 1956, un año después del asesinato, solo opinó que el cadete Tejada, por tener instrucción militar, era más apto a manejar un arma de guerra que un civil.

Yo demuestro, con argumentos, que el tirador de Juan Franco fue un amateur, no un profesional; que Tejada, quien vendió a Miró el arma asesina, acosado por Miró para que lo secundara en el asesinato, pues lo tenía coaccionado por haber introducido al país el arma de manera ilegal, llegó a herirse un brazo y se alejó a la finca de su padre en Veraguas para escapar del asedio de Miró. Solo tenía 18 años de edad y, por ser menor, el fiscal tuvo que asignarle en su indagatoria un curador. No había ingresado a la Guardia Nacional; no tenía móvil alguno para asesinar a Remón. Esa hipótesis traída por los cabellos y aprovechada por Guizado Linares, así haya sido “sugerida” por el general Noriega, queda descartada.

¿Quién mató a Remón? está apoyado en documentación existente, en su mayoría, no conocida. Ella descalifica afirmaciones que durante décadas, constituyen el fruto de la imaginación de sus autores.

El autor es escritor.


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