Como nos dice el diccionario, el sufrimiento es agonía, aflicción y dolor intenso. La realidad de la existencia humana está estrechamente ligada a la realidad del sufrimiento, como decía Buda: “Toda existencia es sufrimiento”.
La Biblia, por otro lado, dice: “Él inflige dolor, pero también da alivio” (Job 5:18).
El dolor está estrechamente relacionado con la vida y con el sufrimiento, pero solo en el ser humano esto toma dimensiones existenciales, pues su conciencia es racional y espiritual. El sufrimiento y el dolor humano pueden ser físicos, mentales e incluso espirituales.
Por ejemplo, muchas veces, cuando un paciente —Homo patiens— padece una enfermedad, se revelan datos importantes de la verdadera personalidad de la persona enferma: valentía, coraje, determinación, etc. Si bien es cierto, atendiendo al principio bioético de la no maleficencia, el deber médico conlleva procurar evitar el dolor del paciente, existe cierto paralelismo entre dolor, sufrimiento y enfermedad. Ahora bien, este paralelismo no es absoluto.
Actitudes ante el sufrimiento
La indiferencia: muchas veces el ser humano se comporta distante ante el dolor ajeno. Mientras no sea con él, no se preocupa de ello.
La apatía: no le importa; le da igual cuál sea la condición de la persona. A diferencia de la anterior, es más perjudicial, pues es más pasiva con respecto a la ayuda.
El miedo: desea ayudar al que sufre, pero lo paraliza el miedo.
El espanto: combina el miedo con el asco y no desea ayudar voluntariamente a la persona que sufre.
La solidaridad: se familiariza con el dolor del prójimo y brinda apoyo y colaboración.
La empatía: ayuda a la persona que sufre y se muestra afectivo y asertivo con ella.
Sufrimiento y sentido
El sufrimiento tiene un porqué y parte de este radica en que la enfermedad posee una sintomatología. Además, el dolor nos informa o previene de ciertas situaciones. Por ejemplo, sentir el calor al poner la mano sobre una olla caliente nos alerta para retirarla, porque de lo contrario podría ocasionarnos un daño grave en la piel. Extraer una muela puede ocasionar dolor, pero también puede prevenir un sufrimiento más intenso en el futuro, como la pérdida de todos los dientes.
Como proceso o sufrimiento natural
Muchas veces, el mismo proceso de la enfermedad conlleva fases de intenso dolor, aunque incluso aquí esto puede variar de un individuo a otro.
Como expiación de los pecados
Por ejemplo, en las religiones muchas veces se concibe el sufrimiento como una fase necesaria del crecimiento espiritual de la persona. El sufrimiento nos hace más fuertes y nos libera de nuestra culpa. No obstante, una forma más radical y negativa surge cuando se justifica el sufrimiento como un castigo merecido por haber pecado, como ocurre en el caso de Job en la Biblia, cuando sus amigos malinterpretan que estaba enfermo por haber pecado.
Concluyendo, aunque el sufrimiento pueda ser sinónimo de dolor y, como dicen los epicúreos, “se debe evitar el dolor y buscar el placer”, también es cierto que, en ocasiones, el sufrimiento puede tener un porqué, y eso representa un salto trascendental y existencial en la propia conciencia de nuestra condición humana.
Un camino hacia la redención y la liberación soteriológica de nuestro espíritu, “dado que con el sufrimiento Dios nos pone a prueba”. Sin embargo, está en el deber religioso y humano del hombre ser solidario con su hermano o paciente y no ser indiferente ante el sufrimiento ajeno.
El autor es docente y máster en bioética.

