DE LA PERCEPCIÓN A LA REALIDAD

La sociedad en la que vivimos

Cuando pensamos en Panamá, lo primero que nos viene a la mente es la imagen de un país con grandes edificaciones, carreteras sobre la bahía, con lindas luces y estabilidad económica y social; un país en el que las oportunidades sobran.

¿Será esa nuestra realidad objetiva? Pareciera que la imagen que prevalece y se desarrolla en nuestras mentes es aquella que reflejan los medios de comunicación, cuando obvian las grandes áreas poco beneficiadas por el desarrollo.

Hay muchas formas de modificar la realidad que percibimos, por ejemplo, promover las verdades a medias, utilizar la propaganda, el aislamiento o apelar a la desconexión de situaciones negativas, además de numerosas estrategias cómplices de estas alteraciones.

Algunos medios envían el mensaje de que vivimos en una sociedad justa, democrática y con grandes oportunidades; un país en el que pronto, con dedicación, podemos ser uno de esos afortunados y que, de ahí en adelante, todo será maravilloso.

Hasta para vender un líquido desinfectante de pisos nos muestran casas elegantes, grandes y costosas, no en las que vive la mayoría de la gente –aunque ahí esté su mayor mercado–. Nos hacen creer que así quedará nuestro hogar después de usar su producto.

Cuando empieza el año escolar, los niños que salen en los comerciales son escogidos para mostrar el componente étnico y social del país, sin embargo, no son una muestra representativa de la población, mestiza, negra e indígena. En todo caso, son el estereotipo del niño acomodado, con su uniforme e implementos escolares “de paquete”; sin embargo, no vemos al niño que va descalzo a las escuelas de difícil acceso, ni a los niños que esperan las mochilas del Ministerio de Educación, porque sus padres carecen de dinero para comprar las que salen en la televisión. Esos niños no están representados y, para colmo, este tipo de publicidad siempre se filma en escuelas que parecen de primer mundo, nunca en una del montón; esas que están sin mantenimiento, a punto de colapsar y que ni siquiera cuentan con desinfectante para limpiar los baños desastrosos.

El marketing nos pinta un mundo espectacular. Supongo que es obvio que así lo hagan, de lo contrario no venden. ¿Pero solo nos quieren vender A o B producto o será que también nos venden una realidad distorsionada?

El consumidor, en su afán de ser aquel al que están esperando en el maravilloso mundo de la bonanza, debe convencerse de que comprando esos productos alcanzará el estatus ideal en la sociedad. Pero, más importante de que, compre o no, es hacerle creer que vive en un país en donde todo marcha bien, aunque lo vea desde su pobreza.

Edición Impresa