Desde las ciencias humanas –que incluyen a las sociales pero no se restringen a ellas– la función social de la ciencia debe ser comprendida a partir de la unidad de esa práctica social que constituye uno de los grandes logros del desarrollo humano. Toda ciencia, en efecto, es natural en cuanto su objeto de estudio hace parte de la naturaleza, y todas ellas son sociales, pues constituyen creaciones culturales sustentadas en procesos de trabajo socialmente organizados.
Esta unidad del conocimiento como producto de una forma específica de actividad humana está asociada al papel desempeñado por el desarrollo del capitalismo del siglo XVII en hacer de la ciencia una fuerza productiva que distingue a nuestra civilización. Con ello, la función social de la ciencia pasó a ser un tema de especial importancia en la geocultura del moderno sistema mundial, sobre todo en tiempos de crisis como los que vivimos hoy.
En Panamá, ante una circunstancia de crecimiento económico incierto, inequidad social persistente, degradación ambiental constante y deterioro institucional creciente, nuestra comunidad científica adelanta una importante discusión sobre la función de la ciencia en nuestra sociedad. Esa discusión hace parte de un proceso que ya incluye la creación de una Asociación Nacional para el Avance de la Ciencia en 1985, de la Autoridad Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación en 1997, el inicio de actividades de la Ciudad del Saber en 1999, la creación de entidades de investigación científica como el Instituto Gorgas de Estudios y el de Investigaciones Científicas Avanzadas y Servicios de Alta Tecnología, y la formación de entidades sociales como la Asociación de Antropología e Historia de Panamá y el movimiento Ciencia en Panamá.
En tal contexto de logros y desafíos, ¿cuál puede, debe, ser la función de la ciencia en la construcción de una sociedad próspera, equitativa, sostenible y democrática en nuestro país? Incorporar la ciencia –toda la ciencia– al desarrollo integral de Panamá demanda que la comunidad científica trabaje con la sociedad para producir y promover la propuesta de solución más adecuada a las necesidades de todos. La sociedad que fuimos en el siglo XX, en efecto, no requería de la ciencia como ya lo hace la que podemos llegar a ser en el siglo XXI. De esa conjunción entre ciencia, sociedad y futuro depende todo aquí, como en todas partes.
El autor es doctor en Estudios Latinoamericanos, miembro de Ciencia en Panamá