Los humanos no valemos nada. Ya solo vale y manda la plata. En Boquete y en el mundo manda el dinero. El dinero para unas cuantas personas, no el dinero como una herramienta para mejorar la vida de las personas. Y es triste ver cómo nos rendimos ante esta situación con una sensación de impotencia. Pero no es una lucha que crea que vale la pena seguir peleando. Ya en este punto, creo que hay que dejar que todo estalle, aun siendo consciente de que en el proceso la gran mayoría de nosotros vamos sufrir.
He entendido que cada vez que salgo a la calle como actitud de activista a tratar de “lograr mejoras”, lo único que hago es demorar lo inevitable. Así que cuando me surge el instinto de tratar de remediar lo que está roto y buscar ponerle un curita, me tengo que recordar la decisión que he tomado y regresar a mi centro. Porque esto tiene que estallar. Ya sea que el resultado sea que cambiemos o que nos extingamos. Cualquiera de las dos estará bien, porque definitivamente de esta manera no podemos continuar.
Creo que lo único que vale la pena en este momento es entregarme, día a día, a convivir con personas que quieren realmente tener una relación honesta. Y esto es lo que busco hacer allá arriba en la montaña con estos niños y sus madres que están entregados activamente a crear un espacio seguro en el cual vivir a plenitud el aquí y el ahora. Pero sin la intención de cambiar el mundo, si no solo por estar plenamente en ese momento. Ese momento jugando, ese momento nutriéndose, ese momento siendo. Es ese momento... ¡y punto!
Más allá de esto, no hay nada. Porque estoy convencida de que como humanidad ya topamos y en lo que nos hemos convertido como especie, ya no es sostenible. Así que o nos extinguimos o cambiamos radicalmente.
La autora es psicóloga y administradora de proyecto de Fundación Rescate de Alimentos
