El ministro de Comercio Exterior de Costa Rica acusa a Panamá de “proteccionismo sistémico”, porque restringe la importación, entre otras cosas, de leche fresca de Costa Rica, pero importamos leche en polvo de Nueva Zelanda. Dicen los ticos que el diálogo con Panamá no ha funcionado y, por eso, han tenido que demandarnos ante la OMC y que irán “hasta las últimas consecuencias”.
Los países, como sujetos soberanos, tienen la responsabilidad de importar los productos que no perjudiquen la producción nacional en temas fitosanitarios y zoosanitarios, siendo una decisión soberana no introducirlos desde el punto de vista tanto sanitario como de competitividad comercial; igual que exigirle una visa a los extranjeros de cualquier país por las razones que se consideren oportunas, convenientes y razonables, según su voluntad e intereses como Estado soberano. Pero existe una especie de nuevo orden que nos ubica como “ciudadanos globalizados”. Tanto así que nos exigen dar a conocer todo lo que tenemos y lo que hacemos, debiendo ser los ciudadanos quienes demos explicaciones a los gobernantes, no solo de nuestro propio país, sino a entes como el GAFI, la OCDE y la Unión Europea (UE), que colocan a nuestros funcionarios en un aula como alumnos de primaria para decirles qué, cómo, dónde y cuándo debemos actuar, comportarnos, hacer, ceder y entregar todo nuestro capital y recursos para beneficio de nuestros verdugos y en disminución del concepto de Estado soberano. Olvidamos que son los gobernantes quienes deben dar explicaciones a los gobernados y que quienes nos exigen desde afuera, no cumplen con esas exigencias cuyos copy-paste son convertidos en ley de la República, sin el menor sonrojo de nuestros diputados.
El ministro de Comercio aclaró que Panamá reconoce la idoneidad y competencia de la OMC para resolver la disputa dentro del diálogo, el respeto y la diplomacia. Nunca dudaremos que el derecho internacional debe ser utilizado para construir la paz entre Panamá y Costa Rica (de hecho, no estamos en guerra y somos los únicos países, al menos de toda América, que hemos eliminado el ejército desde la Constitución).
Porque es a través del diálogo y de los procedimientos que nos permite el debido proceso a nivel de los acuerdos internacionales, como demostraremos por qué Panamá prefiere comprar leche en polvo de Nueva Zelanda en vez de leche fresca de Costa Rica. Y si contamos con los elementos jurídicos y técnicos desde la órbita de la OMC, de la cual, nos guste o no, somos miembros y debemos acatar sus reglas, ganaremos el caso. Pero si nos condenan, presumiendo que la decisión fue en derecho y justa, será porque Panamá violó la norma y Costa Rica tuvo razón en denunciarnos.
Pero el comportamiento panameño de defensa ante la OMC contrasta con la sumisión que ejerce este mismo gobierno frente al GAFI, la OCDE y la UE, a quienes gratuitamente les hemos permitido aplastarnos. Los dos primeros son grupos a los que otorgamos la potestad de definir nuestras propias decisiones soberanas, en beneficio de una hipócrita transparencia que, al final, le da ventaja al que tiene el contacto, la influencia, el tamaño o el poder.
Me hubiera gustado que, así como Panamá ha ejercido una defensa ante la OMC en este tema con Costa Rica, hubiésemos tenido la misma vehemencia, valentía y fortaleza para enfrentar con dignidad, inteligencia y coraje, los ataques infundados de la OCDE, el GAFI y la UE. Porque ante estos, la escasez de defensa y abultado entreguismo han sido nuestros peores enemigos, al punto que nos siguen manteniendo en las listas de países no cooperadores, con el agravante que ahora incluyen el aparente requerimiento de que Panamá elimine su sistema de territorialidad fiscal, posible imposición por la que Panamá no solamente guarda silencio, sino que, de acogerla, de nada habrá servido aprobar todo tipo de regulaciones anteriores, cuando la mayoría tenía que ver precisamente con el sistema territorial de nuestra fiscalidad, el cual ahora quieren eliminar.
Terminaremos entonces manteniendo esa burocracia excesiva para regular un componente corporativo que dejó de existir, es decir, por puro gusto. Pero si la razón de estar en listas, como algunos afirman, es culpa de la corrupción imperante, la falta de condenas y la justicia inoperante, entonces nunca hubo voluntad del gobierno para resolver, por ser éste el mayor responsable de estas calamidades. Entonces, en lugar de protegernos, nos despojan y en lugar de confrontar al enemigo, lo condecoran.
Mientras tanto, la corrupción, la opacidad y el derroche de fondos públicos seguirán tan campantes como siempre, porque no hay interés en defender nuestra soberanía, concepto alérgico a quienes disminuyen nuestra nacionalidad frente al que nos ataca. La atención la seguirán desviando hacia los profesionales y absurdos controles que les imponen, imposibles de cumplir en el mundo real, mientras los gobernantes continúan con el derroche indiscriminado y la corrupción ilimitada.
El autor es abogado
