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Soplar y hacer botellas

Soplar y hacer botellas

La técnica para hacer botellas se remonta al siglo XIX en la isla de Murano, contigua a Venecia, en Italia; lugar en el que todavía se encuentran los mejores artesanos del “soplado de vidrio” del mundo, debido al elevado grado de habilidad y destreza que requiere la práctica de este arte. Al parecer, en nuestro país, contrario a lo que ocurre en la isla de Murano, lo difícil no es soplar y hacer botellas, sino romperlas.

Tanto es así que, para muchos turistas o visitantes foráneos —no así para los del patio, que saben de lo que hablamos—, imaginar que en Panamá se tenga que promover y tratar de aprobar una ley “antibotellas” para romper botellas resulta algo inaudito, si se piensa en los convencionales recipientes de vidrio.

En efecto, la Comisión de Gobierno de la Asamblea Nacional acaba de aprobar en primer debate el proyecto de ley 408, que pretende incrementar las penas a los funcionarios que cobran y no trabajan, conocidos en Panamá como “botellas”.

De esta manera, enhorabuena, se envía una importante y por demás necesaria señal para intentar frenar o combatir la corrupción y el clientelismo que continúan erosionando la confianza pública en nuestro país de forma alarmante a través de esta práctica. No obstante, endurecer las penas contra quienes cobran sin trabajar, sin hacer otro tanto con quienes crean, fomentan, permiten y se benefician inescrupulosamente de esta práctica, convertiría este proyecto de ley en otra aberrante solución a medias, que se limitaría a atacar el eslabón más débil de esta cadena de corrupción, toda vez que resulta obvio que quien nombra sabe muy bien que está nombrando una “botella”, con el malsano propósito politiquero de repartir favores, consolidar lealtades o incluso beneficiarse económicamente de la triangulación o fragmentación del salario de dicho nombramiento.

Por lo tanto, este proyecto de ley “antibotellas”, impulsado con buena intención y gran tino por la diputada Janine Prado, que incluía inicialmente sanciones adicionales para quienes nombran las “botellas”, para sorpresa de muchos logró pasar el primer debate en la Comisión de Gobierno, no sin antes, como era de esperarse, cumplir con la correspondiente y conveniente poda por parte del diputado Eduardo Camacho, presidente de dicha comisión, quien, luego de un largo discurso argumentativo, logró retirar las sanciones correspondientes para quienes realizan dichos nombramientos corruptos llamados “botellas”. En otras palabras, para no perder la costumbre, se logró introducir la infaltable cuota de impunidad necesaria para evitar que salgan perjudicados quienes nombran, financian y políticamente capitalizan esta práctica.

En conclusión, de quedar aprobada de esta forma, finalmente la ley se convertiría en un mamotreto más al servicio de la impunidad y la corrupción, a fin de que estos flagelos continúen galopando a sus anchas en este país acostumbrado ya a que la soga rompe siempre por lo más delgado. Amanecerá y veremos.

El autor es escritor y pintor.


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