Según el Global Entrepreneurship Monitor (2024), Panamá presenta una baja percepción de habilidades emprendedoras entre la población joven, así como una limitada integración de la educación para el emprendimiento en el currículo escolar, lo que restringe la consolidación de una cultura emprendedora desde etapas formativas tempranas. Esta situación resulta especialmente relevante si se considera que la construcción de competencias emprendedoras no depende únicamente de la intención individual, sino de entornos educativos que favorezcan el desarrollo sistemático de capacidades clave. En esta línea, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE, 2024) sostiene que los centros escolares desempeñan un papel fundamental en el empoderamiento juvenil mediante experiencias de aprendizaje que promuevan la autonomía, la creatividad y la resolución de problemas, competencias esenciales del espíritu emprendedor. El ecosistema emprendedor panameño se caracteriza, así, por una paradoja estructural: aunque existe una elevada intención emprendedora y un potencial significativo de talento e innovación, persisten debilidades en las condiciones del entorno que afectan la sostenibilidad de los proyectos y limitan su consolidación a largo plazo. En este contexto, se evidencia la necesidad de fortalecer el currículo educativo con ofertas formativas orientadas a la iniciativa emprendedora, articulando políticas públicas, sistema educativo y ecosistema empresarial para transformar la intención en emprendimientos sostenibles y de alto impacto.
En coherencia con este diagnóstico, el trabajo pendiente consiste en impulsar iniciativas articuladas que desarrollen una hoja de ruta en educación científica y emprendedora, integrando el pensamiento creativo y las artes aplicadas para motivar a niños, niñas y adolescentes a proyectarse en áreas de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (STEM). Para ello, resulta fundamental consolidar herramientas educativas inclusivas, promover actividades prácticas en centros de ciencia, establecer programas de mentoría y fortalecer redes colaborativas a nivel nacional e internacional. Estas acciones deben orientarse no solo a ampliar el acceso, sino también a garantizar trayectorias formativas sostenibles que fortalezcan la autoeficacia, la vocación científica y la permanencia en estos campos.
En este marco se sitúa el Proyecto GENPOW+ (2026), dirigido a docentes y alumnado, cuyo propósito es abordar las brechas de género y fortalecer las habilidades tecnológicas básicas dentro del entorno educativo mediante prácticas pedagógicas inclusivas. El proyecto desarrolla instrumentos educativos contextualizados y propone un enfoque basado en el liderazgo juvenil y el emprendimiento STEM como estrategia para potenciar competencias como el pensamiento crítico, la resolución de problemas y la capacidad de iniciativa en la educación secundaria obligatoria. De manera complementaria, incorpora un plan de mentoría senior en áreas STEM, sustentado en evidencia que demuestra que el acompañamiento estructurado entre pares y con apoyo de personal experto del propio centro incrementa significativamente la autoeficacia emprendedora y la intención de emprender. GENPOW+ articula una estrategia integral que combina innovación pedagógica, enfoque de género y desarrollo competencial orientado al emprendimiento científico-tecnológico.
Las actitudes positivas hacia la ciencia durante la educación obligatoria constituyen un elemento estratégico para la promoción de vocaciones tempranas, subrayando la relevancia de intervenciones educativas intencionales que integren experiencias prácticas, referentes cercanos y metodologías activas en el aula STEM. En este sentido, el Empowering Young Entrepreneurs, de la OECD (2023), subraya la importancia de integrar el desarrollo de competencias emprendedoras en los sistemas educativos a través de experiencias prácticas y contextualizadas que conecten el aprendizaje con desafíos reales; para incrementar la autoeficacia y una transición más sólida entre la educación y el ecosistema productivo.
La autora es profesora universitaria y Miembro del Sistema Nacional de Investigación SENACYT.

