“Durante la administración de la presidenta Mireya Moscoso se suscribió el Contrato Ley 3 del 15 de enero de 2002, que aprobaba su ejecución. Sin embargo, el 16 de enero de 2002, el entonces legislador del Partido Revolucionario Democrático (PRD) Carlos Afú confesó haber recibido dinero, junto con otros colegas y copartidarios, para aprobar el citado contrato para la construcción del Cemis.
En ese momento Afú admitió haber recibido, al igual que otros legisladores del PRD, la suma de 6 mil dólares a cambio de la aprobación del contrato. Durante la conferencia, Afú desmintió acusaciones de su colega Mateo Castillero, quien lo acusaba de haber recibido 1 millón de dólares para dar su voto favorable para la ratificación de los magistrados Winston Spadafora y Alberto Cigarruista, el 9 de enero de 2002.
Luego se produjeron unas declaraciones de la entonces legisladora Balbina Herrera, quien ratificaba la existencia de una serie de pagos para aprobar la designación de Cigarruista y Spadafora a la Corte Suprema de Justicia. El 17 de enero de 2002, el Ministerio Público decidió abrir una investigación de oficio por las declaraciones de Afú y Balbina Herrera”. Citado del diario La Prensa, 9 de agosto de 2014 (https://m.prensa.com/redaccion_de_prensa-com/Conozca-caras-caso-Cemis_0_4000099981.html ).
Hoy escuchamos al diputado Gabriel Panky Soto decir: “Yo no llegué a esta curul con la honestidad debida, yo tuve que engañar a muchas personas para lograr ese voto”.
¿En serio? ¿Cuál es la actitud que nosotros como electorado debemos tomar? Perdonarlo por “su honestidad” y seguir votando por él ya que “por lo menos dice la verdad”. O por el contrario, iniciar una investigación de oficio y separar del cargo al diputado confeso.
¿Quién va a llevar a cabo la investigación? ¿El Ejecutivo? ¿El Órgano Judicial? Estamos en un gobierno democrático 100% presidencial, en el que hay injerencia del presidente en los otros órganos del Estado. Nuestra real democracia está secuestrada. El caso Cemis, tan notorio, quedó en nada. En 16 años no hemos aprendido nada.
Panamá necesita una transformación profunda, es una deuda que tenemos pendiente de aquellos que lucharon por sacarnos del militarismo.
Tenemos que hacer una constituyente que permita que se realicen los cambios profundos en nuestras leyes para que cada poder del Estado tenga su real independencia y Panamá pueda tener una real democracia.
Somos un país pequeño en territorio, pero grande en historia.
Panamá es de todos y todavía podemos ser la Suiza de América.
El autor es doctor