El suicidio es un problema complejo en el que intervienen factores psicológicos, biológicos, socio-culturales y ambientales.
Ya fue considerado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) como un problema relevante de salud pública. En el mundo se estima que ocurre un (1) suicidio cada 40 segundos (tasa: 16 por cada 100 mil habitantes).
En Panamá, la prevalencia se ha mantenido constante en los últimos años, siendo alrededor de 3.1 por cada 100 mil habitantes. Esto es un poco menor que el promedio de la región de Centroamérica, cuya tasa es de 5.1 por 100 mil habitantes.
Las edades más frecuentes son las productivas (20-60 años) y mucho más frecuente en hombres que en mujeres (alrededor del 80% de los suicidios consumados ocurren en varones).
Lo importante de esto es que el suicidio es prevenible en la mayoría de los casos, porque se desarrolla de un continuum que empieza con ideación suicida, planificación, intento y el suicido consumado. Se cree que por cada suicidio consumado hay 15 intentos de suicidio.
Es importante reconocer los cambios de conductas o síntomas que pueden predisponer a las personas a cometer una acción como esta.
Muchas de estas personas tienen algún trastorno mental que puede ser controlable.
Pero para poder intervenir a tiempo, debe ser reconocido y diagnosticado en algunas de estas etapas, previas al evento terminal.
El Ministerio de Salud y la Caja de Seguro Social tienen equipos de salud mental en la mayoría de los centros de salud de las cabeceras de provincias, precisamente porque estos trastornos deben ser evaluados en el primer nivel de atención.
Ya es hora de romper el tabú de no hablar de las enfermedades mentales.
Son enfermedades como cualquier otra y la inmensa mayoría se pueden controlar. No podemos seguir estigmatizando a estos pacientes, porque los estamos condenando a una mala calidad de vida y “empujándolos” a conductas malsanas. Somos todos, en la sociedad, los que estigmatizamos a estas personas. Hagamos un alto y cambiemos nuestra conducta ante estas situaciones.
Como he mencionado en otros artículos, la clave está en la actitud como enfrentemos la vida. Siempre debe ser propositiva y tratando de buscar la solución de los problemas.
El autor es ministro de Salud
