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Taboga, patrimonio vivo: un viaje por su pasado

Taboga, patrimonio vivo: un viaje por su pasado
Paseo en La Restinga de Taboga, en las primeras décadas del siglo XX. Al fondo, el Morro, con algunas edificaciones que aún recuerdan la gran actividad que caracterizó la zona. Revista Épocas, mayo de 1998.

Mis remembranzas de la Isla de Taboga datan de los años cuarenta. Siendo un infante viajaba con mis padres a la isla, donde nos hospedábamos en la casa de tía Ofelia Fábrega de Wendehake, en Playa Honda. Conservo fotografías en las que tía Irene Fábrega me sostiene en sus brazos.

La casa de tía Ofelia era especial: al subir la marea se escuchaba con claridad el golpe de las olas, lo que producía una sensación de relajamiento y bienestar difícil de describir. Estaba construida sobre pilotes, igual que el Hotel White House (más tarde Hotel Chu) y otra casa ubicada junto al parque, todas edificaciones levantadas directamente sobre la playa. Con el tiempo, la casa fue utilizada por la Cruz Roja, y allí dormía Ñan, un personaje muy conocido en la isla.

Años después solíamos quedarnos en un hotel construido cerca de la playa La Restinga. Sus habitaciones eran cabañas de madera muy sencillas, pero el verdadero atractivo era el área social: un comedor-terraza levantado sobre la playa, donde las olas se estrellaban contra la estructura de cemento cuando la marea subía.

En mi época de estudiante del Colegio Javier realizamos unos retiros espirituales en Taboga y nos alojamos en el Hotel La Restinga. Con el tiempo fue demolido y sustituido por un hotel más moderno que, tras ser vendido al grupo agropecuario Santa Fe, también fue demolido. Hoy en Taboga existen más de diez hoteles de diversas categorías y precios, ubicados en distintos sectores de la isla. En mis primeras visitas, los hoteles se construían casi al nivel del mar; ahora muchos se levantan en zonas elevadas que ofrecen vistas espectaculares.

Taboga, patrimonio vivo: un viaje por su pasado
Playa La Honda en Taboga, Panamá. 13 de enero de 2024. Foto: Alexander Arosemena

A principios del siglo XX operó el Hotel Aspinwall, instalado en las antiguas instalaciones del dispensario de salud de la compañía del Canal Francés. Era muy popular entre la clientela panameña. Mi madre solía contar que lo visitó con varias compañeras del Colegio Internacional María Inmaculada.

No muy lejos del Aspinwall estaba el Hotel Chu, una vasta estructura de madera construida sobre la playa y propiedad de los hermanos Chu. Mi padre era buen amigo de don Esteban Chu, quien fue alcalde de la isla y dueño de la tienda más importante de Taboga. Junto a esa tienda estaba la casa de Julie Lince, compañera de nuestras andanzas y correrías infantiles.

Antes del Hotel Chu funcionó en ese mismo sector el Hotel White House. Fotografías del establecimiento aparecen en Vida y Obra de Carlos Endara Andrade, de Mario Lewis Morgan, donde se incluyen imágenes captadas por el célebre fotógrafo ecuatoriano. Endara dejó una extraordinaria colección fotográfica de la época, y la revista Épocas publicó una imagen del White House en junio de 1991.

En 1943 mi padre compró al señor Arturo Miller un lote cercano al Hotel Chu y luego construyó allí una casa de playa diseñada por el arquitecto Luis Manuel Hernández, casado con mi tía Cecilia López Fábrega. En esa casa disfrutamos de mucha actividad social y encuentros con amigos. En la parte posterior había un enorme palo de mamón, por lo que regresábamos a la ciudad cargados de bolsas llenas de esta fruta. Nuestros vecinos eran la familia Maytín por un lado y, por el otro, don Adolfo Arias, su esposa Susana y sus hijos Adolfo Jr., Alfredo y Alfonso.

La historia de Taboga se ha caracterizado por múltiples actividades que han impactado la economía local. Estos antecedentes motivaron que la Asamblea Nacional aprobara la Ley 6 de 13 de marzo de 2012, que declara conjunto monumental histórico un extenso sector de la isla: el Morro y la Restinga, la casa de Francisco Pizarro, el monasterio de Hernando de Luque, las ruinas de la casa de Santa Rosa de Lima, las Pozas del Obispo, la Cochera de Barlovento, el Monasterio de San Pedro, las casas de Rogelio Sinán y Roberto Lewis, el antiguo Hotel White House, el embarcadero, murallas perimetrales y otras ruinas en sus alrededores.

La mayoría de los lugares mencionados se relacionan con la época colonial, salvo la casa de Rogelio Sinán, la de Roberto Lewis y el antiguo Hotel White House. Sinán, nacido en Taboga en 1902 como Bernardo Domínguez Alba, fue una de las figuras más destacadas de la literatura panameña. Lewis, por su parte, dejó pintadas memorables escenas de Taboga, incluidos los tamarindos que aún se encuentran cerca del antiguo Hotel La Restinga. Sus obras pueden apreciarse en el salón Los Tamarindos de la Presidencia de la República y en el Teatro Nacional. El Hotel White House se ubicó donde más tarde se construyó el Hotel Chu.

El área de El Morro también forma parte importante del legado histórico de Taboga. La compañía inglesa Pacific Steam Navigation Company estableció allí talleres y bodegas. Carlos Endara Andrade dejó dos fotografías donde pueden apreciarse estas instalaciones, publicadas en la revista Épocas de mayo de 1984 y mayo de 1998.

Durante las primeras décadas del siglo XIX, la pesca de ballenas en Estados Unidos —originada en el Atlántico— fue trasladándose al Pacífico, lo que obligaba a los barcos balleneros a cruzar el Cabo de Hornos y navegar por toda la costa. Taboga se convirtió entonces en un centro de negocios del aceite de ballena, así como en un punto de aprovisionamiento de carbón y reparación de embarcaciones. En El Morro se instaló un almacén de carbón de 3,000 toneladas y quince edificios entre talleres, depósitos y viviendas donde trabajaban cerca de cien personas. Con la culminación del Ferrocarril de Panamá en 1855, el aceite de ballena comenzó a transportarse por tierra hacia los puertos del noreste estadounidense, lo que generó un fuerte auge económico para Taboga hasta que el petróleo desplazó al aceite de ballena. Isaac Castillo publicó un estudio sobre este tema en Épocas en septiembre de 2020.

El descubrimiento de oro en California en 1848 provocó otro periodo de intensa actividad. Miles de viajeros provenientes de Europa y la costa este de Estados Unidos llegaban a Colón y tomaban el ferrocarril hacia Panamá. El recorrido de dos horas contrastaba con los varios días que tomaba bordear el Cabo de Hornos, lo que convirtió al istmo —y por extensión a Taboga— en un punto clave del tránsito marítimo hacia California.

En 2003 la empresa italiana Decal instaló una terminal de combustible en la isla de Taboguilla, cercana a Taboga, con capacidad de 356,500 metros cúbicos. La isla fue escogida por su buen calado. Decal opera terminales en Italia, España y Rusia. En la isla Melones se construyó otra terminal administrada por un consorcio norteamericano y panameño (Warren). La rentabilidad del negocio del bunkering motivó el intento de establecer una tercera terminal en la isla Urabá, próxima a Taboga, pero la comunidad se opuso en cabildo abierto.

Otra actividad vinculada con Taboga, de forma directa e indirecta, fue la extracción de perlas. La profesora Marcela Camargo Ríos documentó este proceso en la revista Lotería (N.º 326, mayo-junio de 1983). La actividad, originada en tiempos precolombinos, se realizaba principalmente en el Archipiélago de las Perlas y luego en zonas de Veraguas y Chiriquí. Aunque no se practicaba en Taboga, la isla se benefició económicamente por su ubicación estratégica entre los centros de extracción y la ciudad de Panamá. La sobreexplotación provocó la desaparición de las ostras a finales del siglo XIX y principios del XX.

Sin embargo, la actividad que ha permanecido desde el siglo XIX es el turismo. La compañía del Canal Francés estableció en Taboga un dispensario que servía a sus empleados enfermos o en vacaciones; el pintor impresionista francés Paul Gauguin estuvo allí por motivos de salud. Posteriormente el gobierno estadounidense adquirió e higienizó las instalaciones, convirtiéndolas en el Hotel Aspinwall. En 1921 el hotel fue administrado por el matrimonio Malloy, cuya gestión llevó a considerarlo uno de los mejores de Panamá.

También existió el Hotel White House, luego reconstruido como el Hotel Chu. En los años cuarenta, el gobierno construyó el Hotel La Restinga. Las generaciones mayores recuerdan el Aspinwall; las siguientes evocan el White House y el Chu. Yo mismo conservo vívidas memorias del Hotel Chu, donde me hospedé con mi familia antes de que mi padre construyera nuestra casa de playa.

Taboga es, sin duda, un lugar ideal para establecer un museo que recoja toda su vasta historia: los viajes de Pizarro y Almagro al Perú y Chile; las incursiones de piratas; la industria de perlas; la economía del aceite de ballena; la base militar estadounidense; y las terminales de combustible en Taboguilla y Melones. Las empresas dedicadas al bunkering podrían apoyar un proyecto cultural de este tipo.

El museo también podría honrar al compositor panameño Ricardo Fábrega, autor de la canción Taboga, y al poeta, cuentista y dramaturgo Rogelio Sinán, nacido en la isla en 1902 bajo el nombre Bernardo Domínguez Alba.

Asimismo, debería destacarse que los padres de Santa Rosa de Lima vivieron en Taboga y que su casa fue declarada Monumento Histórico.

El autor es abogado.


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