HULE. Algunas personas parecen hechas de caucho: rebotan impecablemente, sin importar la dirección en que las arrojen sus actos. Pero entre ellas las hay aún más afortunadas que, indistintamente de lo que hagan, nadie las saca de su entorno, como virtuales pelotas en una gran cancha de pádel. Ese podría ser el caso de Lupo González, uno de los imputados en la operación Pandora. Antes de hacerse tristemente célebre, González se desempeñaba como auditor en la DGI, pero previamente fue funcionario del Banco Nacional de Panamá (BNP). La relación no debió terminar de mutuo acuerdo, porque, al salir de la institución, González presentó una demanda de nulidad contra el decreto de la gerencia general del BNP, de enero de 2020, que lo cesó en el cargo. Aunque en mayo de 2023 la Corte decidió no admitir el reclamo, para entonces González ya había encontrado otro nicho en el gobierno, esta vez contratado por la DGI. Es más, toda esta telenovela (destitución, demanda, rechazo y nueva contratación) ocurrió durante la misma administración. Por cosas como esta, a veces uno se pregunta por qué, si estas personas son tan talentosas, no utilizan esas destrezas para alcanzar el éxito por sí mismas.
DELETE. En el sitio web de la Cancillería ya no está visible la sección de las embajadas y los consulados, ni quiénes los encabezan. Con la cantidad de allegados al Palacio que figuraban allí, seguramente también habrán convertido ese listado en un asunto de seguridad nacional. Cuando acabe esta administración, la mitad del país y sus contratos estarán bajo ese régimen.
TIRO DE ESQUINA. José Blandón le ha pedido al alcalde Mayer Mizrachi que diga quién fue el amigo que le regaló el boleto para acudir a la final del Mundial de Fútbol, en Nueva York, el pasado 19 de julio. Algunas entradas se vendieron por casi $40,000. Mizrachi, hasta ahora, no ha dicho nada al respecto. ¿Acaso hay alguna razón para ocultar ese nombre? Que lo diga y ya está.
BLINDAJE. Popi Varela se opone a la propuesta para permitir que el personal que labora en los despachos de los diputados, que actualmente es de libre nombramiento y remoción, pueda ingresar a la carrera legislativa. Tiene toda la razón: esa iniciativa equivale a institucionalizar las botellas. El Estado no tiene por qué convertirse en el mecenas de una tanda de familiares y amigotes de los diputados.

