TRUEQUE. Dicen que las últimas designaciones responden a un acuerdo tácito entre los tres órganos del Estado. Aparentemente, Armando Fuentes era el ungido de los diputados para ocupar el puesto vacante en la Sala Penal de la Corte, pero a última hora habrían aceptado ratificar a la candidata del Ejecutivo (Ariadne García) si, a cambio, Luis Guerra es nombrado en el Tribunal Electoral. Y todo esto se consumó el mismo día. Parece que el cinismo está alcanzando una nueva dimensión en Panamá.
ALARIDO 1. La comunidad tuitera gritó más fuerte que Rufina Alfaro cuando se enteró que Bernardo Meneses fue designado abanderado de los desfiles del 10 de noviembre en La Villa de Los Santos. Prontamente, el Ifarhu aclaró que Meneses finalmente no podía participar, porque estaba convaleciente de dos intervenciones oftalmológicas. Ojalá el mismo empeño que ponen en figurar lo tuvieran a la hora de dar explicaciones por sus actos.
ALARIDO 2. Pero llevar la bandera en los desfiles y festividades interioranas no es gratis. Usualmente, el abanderado paga las pintas, las viandas, los fuegos artificiales y toda la parafernalia propia del evento. Quedará la duda si Meneses pensaba pagar todo esto de su bolsillo o en “especies” del Ifarhu.
PLATINUM. Durante la aprobación, en tercer debate, del proyecto que modifica la ley orgánica de la Contraloría y debilita su función fiscalizadora, el diputado Benicio Robinson tomó la palabra y descaradamente admitió públicamente que tiene varios familiares en la planilla de esa entidad. Hay funcionarios que creen que el Estado es un gran cajero automático, que sirve exclusivamente a un puñado de tarjetahabientes.
SEMBRADOR. Se supone que hoy regresaba la mesa de diálogo de Penonomé, pero se pospuso porque todavía no hay un facilitador para la segunda fase. La iglesia católica, que ejerció este rol en la primera fase, se sacudió esta tarea, más rápido que un perro mojado. Por algo será.
