CHAT GPT. El discurso del presidente de la Asamblea Nacional, Jaime Vargas se caracterizó por demostrar las grandes capacidades del político para hablar, hablar y no decir nada. Probablemente alguna herramienta de inteligencia artificial habría hecho mejor trabajo. Aprovechamos para recordarle a Vargas que en todo el quinquenio no ha presentado ningún proyecto de ley de su autoría.
MENSAJE. Y hablando de discursos en la Asamblea, el único que aprovechó la oportunidad para dejar un mensaje y no tan sutil fue el presbítero Juan Sandoval. Ilustró su mensaje con un pasaje bíblico de Isaías: “¡Ay de los que dictan leyes injustas. De los que despojan a las viudas y roban a los huérfanos. Todo poder que se les ha dado viene del pueblo. Viene de Dios!”. Lástima que Benicio no estaba en su curul.
DESCARADO. A propósito de Benicio, nos recordó ayer martesque el “presupuesto del Estado 2024 contempla más de $35 millones en inversión para Bocas del Toro”. Con su mensaje lo único que queda claro es lo que ya sabíamos. Que Robinson y su garulilla solo se saben manejar con tráfico de influencias y abuso de poder.
PAYASO. Aquí siempre hemos sabido que las prioridades del alcalde de Colón, Alex Lee, están totalmente invertidas. Como cuando se aumentó el salario o se fue de fiesta al Decameron en plena pandemia o, como ahora, que en lugar de solucionar los graves problemas de su distrito, lo que hace es promover los culecos del carnaval con cisterna y todo con su foto incluida. Pan y circo le llaman.
MIMETISMO. Y hablando de alcaldes del PRD; al que hace rato que no se le ve es a José Luis Fábrega. Por lo visto el alcalde capitalino cree que su gestión se puede hacer desde la comodidad de su oficina en El Hatillo. Bueno, si es que va a trabajar. Por lo visto esta es la campaña de alcalde que se quiere reelegir como el avestruz... con la cabeza escondida.
REGLA. Ahora Estados Unidos podrá procesar a funcionarios extranjeros que acepten o pidan coimas a ciudadanos o empresas estadounidenses para asegurarse la adjudicación negocios. Oh my God!
